Un equipo de fútbol, ¿son once soldaditos en el campo? 1 de 2.

25.12.2023 00:00 de MAROGAR .   ver lecturas

“Mandar es servir, mandar y liderar es servir con la impronta de llevar adelante una gestión formadora, justa y siempre orientada por la causa superior, descartando los individualismos que inevitablemente vienen a distorsionar el bien común y el mejor trabajo del conjunto”. (“revistamarina.cl; Rodolfo Codina Díaz, - Almirante - ).

              En la web “Big Data Sports”, me encuentro una “Newlsletter” de María Ruiz de Oña, muy precisa y documentada, profunda, compleja de entender en ocasiones, por la autora de los libros “Psicología y fútbol: aprendiendo a liderar en primera persona”, y “Psicología, basada en más de 20 años en el fútbol español”, con un criterio apabullante y que comparto plenamente: “Necesitamos entrenadores que entiendan que su rol no es poner a once soldaditos en el campo”. Aparte otras concreciones de Oña, la primera verdad ya orienta sobre el trabajo específico al que nos debemos enfrentar.

               Con un máster en psicología del deporte, lleva 25 años metida en la estructura de distintas organizaciones del deporte. Entre ellas, el departamento de psicología y aprendizaje en Lezama. “Empiezo por lo más grande: humanizar. Siempre tuvo que ver con el aprendizaje y la interacción para algo muy bonito: el desarrollo de las personas. En este caso, el jugador. Humanizar a las personas y a las relaciones… normalmente el entrenador es el que sabe, el que piensa, el que decide. Y el jugador hace y obedece. Esto ya no es humanizar: el jugador es un objeto al que lo preparamos para algo, o un instrumento al que el entrenador usa para sus fines… Luego viene el resultado. Y el resultado, además del marcador, viene con algunas ideas: “Este jugador no piensa”; “este jugador es vago”; este jugador tiene miedo”. Son muchos pensamientos aglutinados, asuntos que pasan con mayor o menor intensidad en los equipos de fútbol.

               Si analizamos los enfoques de los diarios deportivos actuales, pocos se plantean esta manera de concebir el fútbol, y precisamente porque el futbolista gana mucho dinero y por ello deben estar preparados para soportar críticas, lesiones, presiones de todo tipo tanto de los aficionados, como de la directiva y de los entrenadores. Hasta el punto de que, cuando surge algún problema de salud mental de algún jugador, la tendencia es a no entender que ello pueda ocurrir a unos “seres” (los futbolistas) que han llegado a amasar fortunas económicas y todo debería ser de color de rosa. “Son unos señoritos…”, dicen muchos.

               (…) “Este cambio de paradigma es de persona a persona, yo veo al otro como una persona. ¿Qué quiere decir eso? Que el otro piensa. Que el         jugador puede pensar. Que puede decidir. Que tiene iniciativa y sentimientos. Y que todo eso está en el campo y es parte del potencial del jugador. ¿Cómo vamos a hablar de presión, estrés, de determinación, de toda la parte afectiva, emocional, cohesión de grupo, relaciones, si no dejamos expresarles?” 

              (…) “Es imposible hablar de desarrollar personas y generar conocimiento si no hay un contexto de aprendizaje, si no hay una filosofía de educación. Eso implica un trabajo de educar, de desarrollar el potencial que tenemos las personas y los niños. Muchas veces, las transformaciones en las organizaciones no tienen cultura de aprendizaje. ¿Y qué es eso? Que yo me pongo como aprendiz. Yo estoy aprendiendo con los demás. Yo estoy aprendiendo de mí. ¿Qué necesito aprender de mí? Yo no aprendo fútbol ni “management”. No hablo de ese aprendizaje técnico. Hablo de aprendizaje humano. Cuando aprendemos, aprendemos de nosotros. ¿Qué necesita aprender un jugador de sí mismo? ¿Qué necesita aprender el entrenador de sí mismo?” Sin duda, muchas preguntas al aire con necesidades de explicación sensata. Una reflexión distinta, un desempeño más cerebral y menos comercial.

               (…) “¿Quién le dice al entrenador lo que necesita aprender? Al entrenador se lo dice el jugador, y ese es el gran cambio del paradigma: no solo aprende el jugador, sino que el entrenador también aprende del jugador. ¿Quién muestra mis límites como entrenador?  Los errores de los jugadores son mis errores, mis límites, como entrenador. La performance, el rendimiento, no está solo en una persona. El aprendizaje tampoco: está en la interacción que creamos. El entrenador… necesita al otro”.

               (…) “Y el proceso está en el campo, en los pasillos, en los vestuarios, en las reuniones, en las conversaciones entre jugadores y entrenadores. Yo voy al territorio. No hago “masterclass”. Yo bajo ahí. Y desde ahí, el primer paso es que, si queremos transformar una cultura de organización y mejorar los procesos, una parte importante es tener un lenguaje en común: ¿Qué significa “competir” en este club? ¿Qué es el “éxito” en este club? Una parte importante de mi trabajo es limpiar conceptos”.

             El problema será si el equipo no gana, debemos huir de la formación para ganar exclusivamente; porque los equipos, los futbolistas, también pierden y en mayor cantidad que las victorias.

             30.Diciembre.2023.