Recuerdos “ignoráticos” y románticos del entrenador Miguel Delibes… 1 de 2.

21.03.2024 00:00 de MAROGAR .   ver lecturas

“Yo creo que mi primera afición deportiva, asumida como pasión, como auténtica pasión desordenada, fue el fútbol. Esto quiere decir que yo fui hincha antes que aficionado. Anteponía al espectáculo el triunfo de mi equipo, el Real Valladolid Deportivo”. (Miguel Delibes).

            Allá por 2009 dispuse de un libro de Miguel Delibes, específicamente porque hablaba de fútbol. Y tomé muchas de sus reflexiones que incorporé a “La Ignorática y el fútbol”. Sin duda, sabía mirar el fútbol y entenderlo. Quizás, por la edad, hubo aquel tiempo que entendía que el fútbol iba en recesión, hasta el punto de que desaparecería con el profesionalismo. Afortunadamente no se cumplió su profecía. Pero es muy interesante su biografía como aficionado. Aunque nunca plasmé que Delibes jugó al fútbol hasta los 45 años y dibujó caricaturas futbolísticsas para el “Norte de Castilla”. 

             Su nieta, Elisa Silió Delibes, escribió: “Miguel Delibes era un animal de costumbres y cada domingo se sentaba en su silla de cuero delante del televisor para seguir con pasión la jornada futbolera. Como casi todo español, tenía un entrenador dentro y le gustaba comentarla en compañía de su extensa familia. A veces, siendo ya abuelo, agarraba el ejemplar del día de El Norte de Castilla y en los márgenes de sus páginas – nunca le gustó derrochar papel - garabateaba a los jugadores que veía paralelamente en el campo. Lo hacía con su clásico “pilot” de fluida tinta azul y con un trazo rápido y nervioso”.

            (…) “La llama deportiva prendió en él con el fútbol “por un amor desmedido por la patria chica y una gratuita hostilidad con el forastero “De muy niño, hacía solemnes promesas al Todopoderoso si el Real Valladolid salía victorioso en Las Gaunas o El Infierniño. En cambio, cuando jugaba en casa, me parecía que bastaban mi aplauso y mis voces para triunfar y no salir con embajadas al Todopoderoso”, prosigue en el libro. Un equipo de tercera división no colmaba sus ambiciones y su interés escaló pronto a categorías superiores. Se aficionó al Atlético de Bilbao, “el único equipo español que hace jugadores y los gasta”. Y alcanzó una gran capacidad mnemotécnica gracias al futbol que no tuvo parangón en sus estudios hasta las oposiciones a cátedras de Derecho Mercantil”.

              (…) “Cincuenta años después, recordaba alineaciones enteras y apenas algún artículo del Código de Comercio. Fruto de la observación, inventó a los doce años la Ley Delibes - “el equipo que después de perder en casa visita a otro que viene de ganar fuera, si no se alza con el triunfo sumará al menos uno de los puntos en litigio”- vigente una década después para un cronista de El Norte de Castilla que la llegó a incluir en algún artículo. Aunque ya antes, renunciando como sus hermanos a la propina semanal, acudía al estadio en la Plaza de Toros como socio infantil para asistir al partido quincenal”.

             (…) “Tras la Guerra Civil se inauguró el gélido Zorrilla (bautizado como el estadio de la pulmonía), y Delibes siguió visitándolo en condición de aficionado, caricaturista o narrador. Primero para El Norte y siendo ya un reconocido novelista desde 1947 para la revista Vida deportiva, de su editorial. Con el pitido final escribía la crónica del partido y raudo corría a la estación de tren para mandarla a Barcelona en el expreso de la noche. Hasta los 35 años jugó al fútbol en su ciudad y una década más actuó de portero en el Sedano F.C., su pueblo de adopción en Burgos”.

              Magníficos apuntes históricos, desconocidos por mí. Parece hasta mentira la fuerza del fútbol y los personajes adheridos a sus encantos irrenunciables. Este párrafo ya lo transcribí en alguna ocasión porque me dio un baño de realidad, aún presente en los campos de juego: “En 1980, por ejemplo, reprochaba al balompié español su debilidad frente al del norte de Europa - “El latino se cae con facilidad, diríase que está buscando la disculpa para caerse”- en un artículo El otro fútbol – título también de un libro que recopila sus artículos - y llovieron las réplicas de los lectores. Llegó a pedir el establecimiento de personales como en el baloncesto con expulsión a la quinta o a reclamar casi el silencio a los narradores de la televisión, acostumbrados a contar todo en la radio: “La retórica resulta superflua, gratuita y ridícula”.

             (…) “En 1978 abandonó las gradas cuando el Ministerio de Interior decidió “enjaular a los espectadores como a reclusos para evitar agresiones”. Pero el veneno estaba dentro y se convirtió en un fiel telespectador semana tras semana y eso que pocos años antes se enorgullecía de no tener “el invento”. En alguna ocasión ocasional volvió al Zorrilla y se desesperaba: “en la pradera hay demasiada gente, se mueven todos a la vez, los goles me pillan por sorpresa y espero la repetición”. 

             (…)”Una de estas excepciones llegó en 1989. Su modesto Real Valladolid se jugaba contra el Real Madrid de la Quinta del Buitre la final de la Copa del Rey en el Vicente Caderón. Un motivo con peso suficiente para pisar por unas horas la antipática Madrid, a la que siempre consideró “un enorme aparcamiento”.

              (…) “Probablemente el Real Madrid terminó siendo su segunda camiseta, pero se negaba a reconocerlo. “Yo soy del Valladolid y de joven del Áthletic de Bilbao”, contestaba con seriedad cuando sus nietos, confesos merengues, le pinchaban. “El abuelo se aficionó al Madrid de ver tanto con nosotros los partidos, pero le costaba celebrar los goles”, cuentan divertidos.

           21. marzo.2024.