Jugando al fútbol de corazón.

24.07.2020 10:25 de MAROGAR .   Ver lecturas

“Muchos hinchas van a la cancha en dos momentos fundacionales de sus vidas: como hijos y como padres”. (“De pies a cabeza”, ensayo sobre fútbol).

            Finalizó la Liga 2019/20 española, la del coronavirus, la de los últimos 11 partidos jugados de manera un tanto excepcional, sin público, y otras adaptaciones sanitarias algunas contraproducentes en un deporte de algarabía, contactos y abrazos. El Real Madrid ganó en este período hasta 10 partidos seguidos y empató el último contra Leganés en su casa, lo que no le sirvió a éste para salvar la categoría a pesar del entusiasmo que les infundió el “Vasco Aguirre”. Desde luego, una cuestión clara se confirmó, el Real Madrid no ha sido un “equipín” como lo catalogó D’Alessandro en el programa televisivo “El Chiringuito” con bastante desacierto y más inquina que objetividad; ni tampoco un “equipo de jubilados” como la mayoría del periodismo diagnosticó a finales de la temporada pasada y que Zinedine Zidane se empeñó en no hacerles mucho caso siendo él mismo desacreditado por ello. Además, a principios de esta temporada se prodigaron distintas lesiones y los “cenizos” de turno, más los de “mal agüero” se ocuparon de desprestigiar al nuevo preparador físico que había sido firmado por ZZ incluso desvinculándolo de la Selección francesa. Precisamente, en este fin de temporada se ponderó la gran puesta a punto del equipo y, fundamentalmente, los últimos once partidos. Por supuesto, el “fracaso” del Barcelona que a principios de este periodo sacaba dos puntos de diferencia, necesitó del histórico "victimismo" barcelonista para “echar tinta de calamar” justificando su pobre actuación focalizando su “desastre competitivo” en el VAR, relato que no solo utilizó el míster Setién, o el central Piqué, sino toda la “cuadra” de “El Chiringuito” desacreditándose aún más con tales parafernalias.

               Sin embargo, se constató que el Real Madrid antes perdía muchos puntos cuando la tecnología no existía, al menos en comparación con los catalanes. Creo, sinceramente, que el Real Madrid ha ganado porque fue el mejor equipo; pero sobre todo porque todos los jugadores pusieron el corazón, rindiendo cada cual en sus momentos de rotaciones donde Zinedine Zidane se licenció como lo que es, un maestro. El Real Madrid llegó a 87 puntos y el Barcelona a 82. Una diferencia grande para estos tiempos. Y el Atlético de Madrid, tercero, sumó 70 puntos con 17 puntos de diferencia, una eternidad igual que el Sevilla. Siendo el quinto el Villarreal que se quedó en 60 puntos. Todavía unas diferencias demasiado notables. Lo más interesante y distintivo fue que Real Madrid encajó 25 goles, una marca importante, mientras que Barcelona recibió 38 goles, si bien marcó a favor 16 goles más que Real Madrid. Sorprende, incluso, que Atlético de Madrid encajase 27 goles, dos más que los madridistas. En este juego de puntos, podrían sacarse otras conclusiones productivas, pero lo más acentuado fueron los descensos de Español, Mallorca y Leganés. En un cómputo de 38 partidos, es difícil significar los factores definitivos para el descenso de estos equipos por más corazón que pusieran en su desempeño.

              Finalmente, el responsable del Comité Técnico de Árbitros, Velasco Carballo, presentó su balance del VAR. Y es importante reseñar la primera conclusión: “El VAR acertó 150 veces y se equivocó en 6”. Es curioso que esta percepción no sea la que percibimos a diario y la prensa especializada tampoco pondera con objetividad. “En el año 2020 ha habido menos errores que nunca en la historia del fútbol. Los errores de antes se quedaban en el campo, hoy se solucionan gracias al VAR”. El responsable del modelo, Carlos Clos, admitió: “El VAR es una persona humana y efectivamente comete errores. Debemos hacer autocrítica, pedagogía y didáctica parra que todos, árbitros, jugadores, aficionados y periodistas, conozcan el protocolo y las reglas”. Negarse por negarse, sin análisis, sería una tozudez tremebunda. De 825 “incidentes” fueron penaltis unos 123, frente a los 93 del campeonato pasado, admitiéndose que los penaltis fueron el punto más débil del sistema. Velasco Carballo se preguntó: “Cuántos centímetros son necesarios para considerarlos evidentes, claros y manifiestos; o no? ¿Cinco? ¿Diez? ¿Veinte…? ¿… si simplemente es un error de dos centímetros el VAR no debería intervenir, aunque tengamos la evidencia? El concepto de claro y manifiesto depende de la evidencia: cuando trazando una línea existe una evidencia indubitable de que por un centímetro existe una posición adelantada, debe pitarse fuera de juego”. Y una última reflexión: “Creo que debemos reducir el tiempo de decisión media, que ha sido de un minuto y 45 segundos… pero sobre todo tenemos que ser precisos y fiables”, según Clos. Y una última conclusión a este respecto del arbitraje: “Hay una estadística de FIFA que dice que las decisiones más acertadas son las más rápidas”.

            Son muchas las teorías al respecto, hay quien propugna un juego con la cabeza (mental); otros con los pies (instrumental); otros sentimental (con el corazón); pero siempre habrá coincidencias en que el fútbol hay que jugarlo por hombres entregados a un objetivo, cada cual con sus motivaciones a veces ocultas. De ahí la dificultad para entender las manifestaciones del fútbol, sin duda dependientes de cada profesional, de sus momentos, de sus estados de ánimo, de sus capacidades para rendir adecuadamente en cada ocasión.

            En el libro “De pies a cabeza”, un compendio de ideas futbolísticas de varios autores como Agustín J. Valle, Juan Manuel Sodo y otros, podemos contrastar pensamientos, aunque pudiéramos no compartirlos. A mí personalmente me entusiasman porque, entre otras cosas, hay veces que no me alcanzaría para expresarme con tanta exactitud y sentimiento, en un deporte que lo llevo en el corazón. Por eso, dejo esta síntesis tan interesante, a riesgo de repetirme porque sus argumentos, u otros parecidos, ya los he utilizado en otras ocasiones:

** “El fútbol es un juego de permanentes cálculos – geométricos, cinemáticos, como dice Liñares -, pero ser hincha, y jugarlo, es superar el imperio calculista”. 

** “Y el fútbol es eso. Momentos cruciales. Y se trata de resolver, en momentos cruciales, no a sangre fría, sino a hierro caliente. Porque fríos son los defensores que te revientan a patadas y no se les mueve un pelo, o que despejan a la tribuna y se ganan el aplauso del coliseo. Los que recurren a cualquier cosa para evitar sobresaltos”.

** “El pie es, pelota mediante, el atributo humano que el fútbol festeja en momento”.

** “En el fútbol no hay prácticamente azar, todo es producto de los actos de los hombres, salvo, pongamos, sin una paloma se cruza en la trayectoria de un pelotazo…”

** “El fútbol no se piensa: de fútbol “se sabe”; si no sabés no hablés”.

** “El gol es parte del juego, de hecho, el gol es el juego en sí mismo. No podemos pensar en que todo lo que pasa antes de que la pelota cruce la línea del arco es fútbol y el gol es simplemente la resultante de todo ello. No. El gol es un punto de inflexión en el juego, sí, pero también lo es una tarjeta roja, un saque del medio y un cambio de jugadores. En suma, el gol es el fútbol en retrospectiva”.

** “El goleador es un tipo valiente por naturaleza o por elección. Quiere eso, quedar cara a cara con su destino, toda vez que ello sea posible y más aún cuando las papas quemen. Esa es la verdadera situación de peligro. Si errás el tiro, salís herido de muerte. Te van a putear de acá a la China”.

** “La apuesta total por la habilidad del pie es una antinaturalidad radical que apoya toda su capacidad de diversión y gloria en la condición cultural, es decir, en la contingencia de las formas”.

** “Ningún deporte como el fútbol se acerca tanto al ajedrez. Las combinaciones, la serie de movimientos, tácticos, la apertura de espacios, el juego de ataque y defensa: todo coincide, al menos mentalmente. Un partido de fútbol puede ser un ensamble acelerado de partidas”.

** “En el fútbol, la cosa pasa por hacer goles. No por evitarlos. Cualquiera que lo entienda a la inversa es porque prefiere el ajedrez o la estrategia a la belleza de la espontaneidad”.

** “Parafraseando al filósofo López Petit, cada jugador de fútbol es una empresa en miniatura. Cada jugador es un empresario en sí mismo, siendo él su propio capital (sobre todo su cuerpo, pero también su imagen…). El jugador empresa se gestiona a sí mismo como una marca… Jugar para el equipo es formar un nosotros. Pero la marca – el jugador marca -, en cambio, lo sustituye”.

** “Técnica” para designar lo verdadero del juego; así se construye una verdad matematizable, calculable, utilitarista, una verdad – la técnica – cuya medida es la eficiencia. ¿Por qué no usar un término como habilidad, talento, magia? ¿No nos atrevemos a decir que lo que tiene un jugador, lo que hace, es belleza? Entre la quieta nada y la genialidad, no media solo la técnica”

            Salamanca, 24. julio. 2020.