El placer de disfrutar en el fútbol con los errores ajenos.

15.04.2021 00:00 de MAROGAR .   vedi letture

“Al hombre sólo le gusta contar sus problemas, pero no cuenta sus alegrías”. (Fedor Dostoievski).

                        La psicóloga Patricia Ramírez escribió (ElPaís, 27. Agosto. 2016) sobre “Shadenfreude”; o el placer de ver caer a los demás”. Y señalaba: “Schadenfreude es un término alemán que recoge la idea de “regodearse” del mal ajeno, compuesta por dos palabras “Shaden” que significa “desgracias o infortunios”y “Freude” que se traduce por “alegría”. Este regodearse podría interpretarse como una emoción compleja, ya que supone disfrutar de la pena o desgracia que otra persona sufre. Disfrutar del dolor o la pérdida de otros”.  (…) “Recientes investigaciones (Revista Science, Takahashi, 2009) demuestran que somos capaces de generar dopamina, el neurotransmisor que tiene que ver con el placer y la recompensa, cuando experimentamos “Schadenfreude”. 

             Y sigue Ramírez cuestionando: “¿Por qué sentimos las personas esta emoción, a priori cruel?” Llegando a conclusiones: “1. Por envidia. 2. Por alivio. 3. Por venganza… o justicia. 4. Por baja autoestima. 5. Por competitividad o rivalidad”. Concluyendo que “La ambición es maravillosa siempre y cuando nos permita esforzarnos para superarnos, no para poner la zancadilla a otros”. 

             Sin duda, es superior a nuestras fuerzas que, cuando el partido acabó jugándose y el resultado no fue afortunado, incluso aunque se hubiera ganado, es muy típico que la tendencia va por querer analizar enseguida los “errores”, los “puntos débiles”, los “fallos” que se cometieron tanto por nuestros jugadores como por el entrenador. De nada sirve que no exista competencia para juzgar porque el juicio se hará inexorablemente y “justificar” el resultado más bien encontrando las correspondientes “cabezas de turco”.

               De paso, se volverá a cumplir el “síndrome del jardinero” relatado tantas veces por Johan Cruyff: “El césped del vecino siempre está más verde que el mío”. Creo que este “síndrome” es insuperable y resulta complicado superar estos déficits de comportamiento. Es difícil el entendimiento o el disfrute pleno de la victoria porque siempre nos quedan “dudas”, situaciones de por qué se hizo aquello y no se hizo esto otro que, según el crítico sin competencias, hubiera sido lo más apropiado. Curiosamente, de 15.000 espectadores, cada cual tendrá sus propias conclusiones y no serán coincidentes en todos los casos.

              Pongamos por caso que nuestro equipo favorito es el Real Madrid y con fecha 7 de marzo empató contra Atlético de Madrid, después de un partido competido y alguna incidencia negativa en la actuación del árbitro. La mayoría focalizó su crítica en el árbitro; otros en las virtudes y defectos del Atlético de Madrid; y otros en las carencias del R. Madrid para obtener un mejor resultado. Son pocos los que centran el análisis en la realidad del partido y muchas tendencias se enfocaban a las carencias de delanteros del R. Madrid. Y sorprende que un empate a un gol del R. Madrid se le de poco valor cuando su disputa acaba de realizarse contra el líder de la Liga. Incluso, nos alegramos de la derrota del Sevilla y más nos hubiéramos regodeado si el derrotado hubiera sido el Barcelona. O sea, la victoria está muy bien, no tanto el empate, pero que pierda el máximo rival supone una satisfacción desmedida aún más que la propia victoria. 

            Como ya apunté en “Preocupación” (marzo, 2010) de mi libro “Futbolandia. Ensoñaciones, realidades y virguerías del fútbol”, nos atenemos demasiado al espíritu del libro de Paul Watzlawick en “El arte de amargarse la vida”, preocupándonos más de la cuenta por cuestiones que todavía no han pasado y son generadoras de angustias fuera de lugar. Y esas “paranoias” o excesos de preocupaciones debiéramos sustituirlas por las “metanoias”, o sea, propuestas de nuevos enfoques con nuevas perspectivas. Una enfermedad moderna cada vez más agravada. En aquel capítulo de “Futbolandia” llegué a asegurar que: “La gente del fútbol no puede olvidarse de que el partido siempre hay que jugarlo hasta el último minuto. Y entonces sacar conclusiones, no antes. Con realismo optimista se gestionará mejor el ambiente del fútbol, más que con resabiados pesimismos”.

            Dudo mucho que estos pensamientos del fútbol hagan evolucionar hacia un nuevo corazón del fútbol más desvestido de condicionantes.

            15.Abril.2021.