Recuerdos “ignoráticos” y románticos del entrenador Miguel Delibes… 2 de 2.

25.03.2024 00:00 de MAROGAR .   ver lecturas

“El fútbol está en decadencia como espectáculo. Para ello, han influido la profesionalización excesiva, las verjas que separan al espectador y al futbolista, y, sobre todo, este fútbol defensivo que mata la gracia del otro fútbol que eran los goles”. (Miguel Delibes).

             (…)”En 2004, con su Pucela en segunda división, quiso alentar a su equipo que con mucha entrega se afanaba en subir a primera. Resentido de salud, no pensaba acudir al campo, pero le pareció de justicia aplaudir su entrega y le pidió a su hija Elisa que le hiciese socio. En las oficinas del club la noticia del carné de Delibes no tardó en correr y un día más tarde llegaba a su casa una camiseta firmada por sus jugadores… Blanquivioleta de corazón, a Miguel Delibes siempre le apasionó más el espectáculo de antaño que el juego profesionalizado que se ve en el fútbol actual…” 

            (…) “En “El otro fútbol” describía “las palizas que les endosaban los huérfanos del colegio Santiago en la infancia: “Aquellos mozos practicaban un fútbol precursor, hecho de inteligencia y sobreentendidos, apoyados en una velocidad de diablos, una entereza de atletas y un finísimo toque de balón”. (…) “Mozos, balones coriáceos, alpargatas y campos de tierra compusieron su memoria del otro fútbol, ese que lo acompañó toda su vida.”

            (…) “Miguel Delibes ya hizo lo que Nick Hornby, décadas antes de que el novelista inglés pusiera de moda las fiebres que pululaban por las gradas de Highbury. El año en que la bolsa neoyorkina quebraba, Delibes convenció a su padre para que le hiciera socio del recién creado Real Valladolid Deportivo. A cambio de la paga, se costeó los seis reales de la cuota anual, y así, en 1929 arrancó la relación entre un club y un escritor que, durante un lustro, mantuvo viva la llama acudiendo sin falta a su cita en el estadio… En aquel entonces, al Campo de la Sociedad Taurina. Debido a una reestructuración deportiva, el Real Valladolid quedó encuadrado en Tercera División, detalle que no achantó a Delibes. Siempre sería un hombre de fidelidades y su corazón se había teñido, para siempre, de blanquivioleta”. 

           (…)”En 1931, se le aceleró como nunca al recibir a los jugadores como héroes tras eliminar al Atlético Madrid de la Copa del Rey. Dos años después, vibró con el ascenso a Segunda y, tras la guerra, se le hinchó de orgullo en la inauguración del Estadio Municipal. Mientras se sacaba el carné de periodista en Madrid, en 1942, sintió que le dejaba de latir con el gol de volea de Ildefonso Sañudo, en el Metropolitano, que les dio el pase a semifinales de la Copa del Generalísimo”. Pequeños apuntes, saltando hechos y fechas, qué bonitos recuerdos…”

             (…) “La sombra del ciprés es alargada”, el futbolista escritor acabó obteniendo el Premio Nadal. Y me sitúa en aquella época feliz. Es curioso que a principios de los 70, Delibes ya respiraba los mismos efectos dudosos del fútbol que en la actualidad, escribiendo “La Liga que agoniza”, “Los efectos del profesionalismo desmesurado empezamos a acusarlos ahora en toda su virulencia. En cada país el campeonato de Liga se dirime prácticamente entre cuatro clubs; los demás bastante tienen con eludir el descenso”. Con el paso de las páginas las desigualdades se fueron acrecentando y, tras el capítulo del Mundial de España, Delibes se dio cuenta de que también cambiaba algo más profundo en el texto. El tema principal gravitaba alrededor de la palabra más vieja y a la vez más importante: “Hoy, antes que jugar más, se procura que el contrincante juegue menos. Interesa, más que jugar, no dejar jugar, destruir que crear”. 

               Si no lo veo no lo creo, que los estados de ánimo se repitan una y otra vez en el tiempo. (…) “Lamentó que este nuevo fútbol priorizase la fuerza sobre la agilidad. El músculo sobre la magia. Delibes conocía la receta: “En el fútbol moderno, deben correr los dos”. (…) “Y también dónde y cómo cocinarla: “El centro del campo, lugar donde se cuecen los éxitos y los fracasos, no será nunca nuestro si el rival de turno nos gana en fuerza y en velocidad, que es tanto como decir en entereza y sentido de anticipación. (…) No se trata tanto de esperar a que el compañero se desmarque - esto es ya, también, un concepto anticuado - como de desmarcar la pelota, de remitirla al espacio vacío donde el compañero, a base de velocidad - siempre la velocidad y la fuerza -, puede anteponerse a su contrario. Éste es el secreto a voces del otro fútbol”.

              (…) “En “Campeón de Taquillas” criticó a los jugadores que iban de divos. O al Real Madrid de la tercera Copa de Europa por no apostar por la cantera y gastarse millones en fichajes extranjeros. A muchos los caricaturizó en “El Norte de Castilla” con los “Monos futbolísticos”, dibujos a plumilla cuya estatura dependía de cómo jugasen aquella jornada. Había comenzado firmando como MAX sus primeros artículos y terminó dirigiendo el periódico. Más de una decena de novelas, cuentos, ensayos”. 

             (…) “Solía contar que había recibido muchas más cartas de lectores a raíz de la publicación de “El otro fútbol” que por cualquiera de sus laureadas novelas. Leyéndolas, entendió que el fútbol no solo representaba una válvula de escape de la dictadura: “El fútbol siempre fue válvula de escape contra el jefe, contra la tiranía de la oficina, contra el superior. Y esto en las dictaduras y las democracias. Y hoy es menos válvula de escape porque el fútbol está en decadencia como espectáculo. Para ello, han influido la profesionalización excesiva, las verjas que separan al espectador y al futbolista, y, sobre todo, este fútbol defensivo que mata la gracia del otro fútbol que eran los goles”.

            25.marzo.2024.