Sin duda, es una singularidad moderna que los puristas del Reglamento han inventado recientemente. Es curioso, hace tiempo que se eliminó la idea de la “voluntariedad” o no de las manos, siempre se cuestionó la capacidad del árbitro para dictaminar si se cometían manos o no aventurando la voluntariedad de los actores. Pues sí, ahora los árbitros pueden discernir sobre la “fuerza suficiente” que un jugador aplica a la acción frente a un contrario, y somos capaces de escuchar expresiones peregrinas de que “hay que hacer más para pitar penalti” y se quedan tan anchos con esa máxima.

       Es una gran deriva, muy peligrosa, del Reglamento y sus “moderneces” interpretativas creando a “tutiplen” protocolos muy literarios.. Fuimos capaces de eliminar un criterio “subjetivo (la voluntariedad) para reducir la arbitrariedad, y sustituirlo por otro aún más nebuloso revestido de jerga técnica. De la “voluntariedad” a la “fuerza suficiente”, mismo perro con distinto collar.

       Cuando se suprimió la idea de la “voluntariedad” en las manos, el argumento era claro y razonable: “El árbitro no puede saber lo que pasa por la cabeza del jugador”.  Se aceptó que el Reglamento debía apoyar en hechos observables: posición del brazo, ocupación de espacios defensivos, consecuencias de la acción. Resulta que ahora aparte el penalti con “fuerza suficiente”, y el razonamiento implícito es aún más endeble: ¿Fuerza suficiente para qué…? ¿La medida respecto a qué patrón? ¿En qué unidad? ¿Quién fija el umbral?

El árbitro ya no interpreta una intención (que al menos tiene un anclaje humano), sino una sensación física subjetiva, imposible de objetivar en tiempo real. El mantra: “hay que hacer más para pitar penalti” es muy revelador, de hecho, creo que no es Reglamento sino ideología arbitral. Implica tres cosas muy graves:

 El penalti deja de ser consecuencia de una infracción y pasa a ser una especie de castigo excepcional que hay que “ganarse”.

 Se introduce un sesgo estructural. No se juzga la acción, sino el contexto emocional del partido: “No es suficiente”; “El partido no pedía eso”; “Es muy pronto/muy tarde”; “Decide demasiado”.

 El Reglamento deja de ser norma y pasa a ser coartada. Se invoca para justificar lo que ya se ha decidido no pitar. 

 La paradoja del purismo reglamentario. Los mismos “puristas” que decían: “El árbitro no puede valorar la voluntariedad”.

 De pronto, se sostiene sin rubor que “El árbitro sí puede valorar la fuerza suficiente”. Lo cual no es riguroso sino retórica tecnocrática para “blindar” la discrecionalidad.

Antes fue aquello de “No fue voluntaria” por otra modernidad “No hubo fuerza suficiente”. Misma trampa, distinto vocabulario. Y, además, se vende como “evolución intelectual del Reglamento”. Lo que en realidad es “regresión ética”. Sin duda, una gran mentira del fútbol. Cuando el Reglamento necesita adjetivos, el fútbol empieza a perder sustancia.

Son cientos de protocolos los que han revestido de literatura “ad hoc” para “interpretar” un Reglamento ficticio, en cada momento lo que más interese. Y acaba por no importar lo que ocurra en el campo, siempre habrá un párrafo, una diapositiva o un vídeo formativo que diga: “En este contexto concreto, la decisión es correcta”. El Reglamento ficticio existe, pero no está escrito. El Reglamento oficial es público. Pero el Reglamento real, no. Y asistimos a una trampa semántica con palabras como: suficiente, residual, contacto mínimo, natural, intensidad, contexto de partido… No son conceptos reglamentarios sino amortiguadores de responsabilidad. Sirven para que el árbitro no diga “Me equivoqué” y se ampare, una vez más, en el protocolo que permite “la interpretación fue correcta”. Hemos caído en las figuras de los árbitros exégetas, ya no aplican una nora sino que la interpretan como si fuera un texto sagrado. Y toda exégesis tiene dos características:

Solo la entiende el clero.

Siempre puede explicarse después.

Ahí el fútbol ya ha perdido porque el Reglamento deja de ser herramienta y pasa a ser coartada. Cuantos más protocolos necesita una norma, menos cree en sí misma. Dicho de otra manera, cuando el Reglamento se convierte en literatura, el juego se queda sin gramática.

Salamanca, 19 de febrero de 2026.

Sezione: Editorial y Opinión / Data: Jue 19 febrero 2026 a las 00:00
Autore: MAROGAR .
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