Jugar con el corazón es jugar con el alma, también.

01.11.2020 09:37 de MAROGAR .   Ver lecturas

“Muchos hinchas van a la cancha en dos momentos fundacionales de sus vidas: como hijos y como padres”. (“De pies a cabeza”, ensayo sobre fútbol, Juan Manuel Sodo y otros).

           Mis mejores recuerdos coinciden cuando mi padre me llevaba al fútbol en el “Viejo Calvario” de la UDS, era el “Día del Socio”, cuánto disfrutaba con aquel “monstruo” de la portería Viera que se desplazaba de poste a poste de la portería como un ágil orangután y aquella gorra típica que puso de moda el gran Zamora; o la agilidad felina de Miguel con el que luego llegué a jugar como compañero, nuestro querido “Chollo”, para otros “Lecherín”. O de la media típica Ares-Raba, en un sistema 1.4.2.4., que ahora los llaman “pivotes”, uno daba “cera” y el otro cortaba todos los balones aéreos del medio campo. Incluso los arrebatos físico-técnicos de Abilio que acabó en el Zaragoza; o de Eloy, maestro en la posición del 8 organizando el juego con su pausa característica; o los penaltis doblemente amagados de Maxi; etcétera. Son recuerdos del alma, son recuerdos del corazón…

           “Ningún deporte como el fútbol se acerca tanto al ajedrez. Las combinaciones, la serie de movimientos, tácticos, la apertura de espacios, el juego de ataque y defensa: todo coincide, al menos mentalmente. Un partido de fútbol puede ser un ensamble acelerado de partidas” (…) “El fútbol es un juego de permanentes cálculos - geométricos, cinemáticos, como dice Liñares -, pero ser hincha, y jugarlo, es superar el imperio calculista” (…) “Y el fútbol es eso. Momentos cruciales. Y se trata de resolver, en momentos cruciales, no a sangre fría, sino a hierro caliente. Porque fríos son los defensores que te revientan a patadas y no se les mueve un pelo, o que despejan a la tribuna y se ganan el aplauso del coliseo. Los que recurren a cualquier cosa para evitar sobresaltos”.

              Aquel “Viejo Calvario” al que yo acudía una vez al año para ver el mejor fútbol que recuerdo, a los pocos meses fue mi lugar de entrenamiento con Tony Almaraz en el juvenil de la Unión (Aquel que formaba “la media” con Hernández, éste llegó a jugar conmigo en el Béjar Industrial). Nos desnudábamos en el llamado “gimnasio”, una nave desvencijada con unas banquetas corridas, trufada de espalderas rotas y una mal llamada ducha (Una sola) que consistía en un tubo de plomo arrojando agua fría a granel con un ancho desmesurado. La primera vez que me quedé desnudo delante de otros fue allí, los demás lo hacían con naturalidad, pero enseguida me acostumbré. Y de aquellos entrenamientos, recuerdo especialmente varios balones de cuero rellenos de tierra que golpeábamos simulando un tiro a puerta metiendo bien el empeine, de lo contrario nos troncharíamos los dedos. Es posible que, de aquellos ejercicios “a lo marine”, mis gemelos crecieran tan prominentes además de que, habitualmente, jugábamos con balones muy hinchados, borrachos de grasa de caballo, que pesaban cuatro o cinco veces más de su peso reglamentario (396/453 gramos).

              Mis primeras botas, color marrón con hiladillos blancos, antiguas, casi de rugby, me las trajeron los Reyes Magos y las dejaron en el balcón de la calle Larga de Tejares (Salamanca), de mayor me enteré que las había usado Rafita (amigo de mi padre) unos años antes. Pasado un tiempo, en la Plaza de Santa Eulalia en Salamanca, en la tienda de Castaño, mi padre me compró “las mejores botas del mercado”, hechas a mano y a medida, dicen que las elaboraba también para el primer equipo de la UDS. Son recuerdos íntimos de fútbol. Los medios actuales predisponen a un mejor juego, mejores camisetas, pantalones, medias, botas, balones, campos de juego incluso de hierba artificial, etcétera. Y ello me proyecta a una evolución necesaria.

            “El pie es, pelota mediante, el atributo humano que el fútbol festeja en momento” (…) “En el fútbol no hay prácticamente azar, todo es producto de los actos de los hombres, salvo, pongamos, si una paloma se cruza en la trayectoria de un pelotazo…” plasmaba en “De pies a cabeza”. Debemos seguir aspirando a un nuevo fútbol, mejorado siempre, soportando incluso la pandemia actual…

           1.noviembre. 2020.