El poder de la admiración

30.06.2021 19:50 de MAROGAR .   vedi letture

“La admiración es el sentimiento opuesto a la envidia, a través de él reconocemos la superioridad de la persona admirada”. (https://pacotraver.wordpress.com/2015/07/29/el-poder-de-la-admiracion).

            En un programa de televisión de hace unos meses pude ver el entusiasmo con el que la ex cantante Massiel hablaba del “poder de la admiración”. Y, como tantas otras veces, me pareció un excelente asunto para investigar sobre él en el mundo del fútbol, tan lleno de sucesos admirables y otros no tanto. “A pesar de que la admiración es una emoción benéfica no está al alcance de cualquiera. Para admirar a alguien es necesario ubicarnos a nosotros mismos más o menos y de una forma realista en una supuesta pirámide de valor y lo que mayormente se opone a ese autoreconocimiento es precisamente el narcisismo. El narcisismo puede definirse como la investidura (de valor) que uno lleva a cabo consigo mismo, no es simplemente lo que entendemos como autoestima sino más bien una hipertrofia del Yo, que llega a ocupar todo el espacio de la psique de un modo central”.

            Personalmente, renuncié siempre al “fetichismo” de los objetos, las fotos y las personas famosas. Es una especie de coraza anti-envidia, aunque no fuera el caso. Huyo de esa especie de sometimiento al famoso, huyo en público de un acercamiento a ese amigo de toda la vida que tuvo éxito en el fútbol, como si me avergonzara, como si le añadiera precisamente incomodidad a dicho amigo. “El que admira a alguien se sitúa debajo de él y esa posición de sumisión es en realidad una posición sabia” como asegura Lao Tsé. De ahí, probablemente, las reacciones de los aficionados cuando un futbolista no rinde a satisfacción y aparecen las frustraciones de los admiradores que se pueden llegar a transformar en agresión, al menos verbal.

            “No hay nada como la admiración, según Michel Tournier, en su libro “Celebraciones”. En mi caso soy vergonzoso y me cuesta expresar mi admiración de una manera directa, pero tengo claro que un futbolista, un entrenador, igual que cualquier artista, cirujano, científico o enfermero, necesita muchas dosis de reconocimiento. “Exultar porque te sientes abrumado por la gracia de un músico, la elegancia de un animal, la grandeza de un paisaje, incluso el horror grandioso de un infierno, son cosas que dan sentido a la vida” como dice Tournier son gestos necesarios. “Nuestros límites, nuestras insuficiencias, nuestras pequeñeces tienen su cura en la irrupción de lo sublime ante nuestros ojos”.

            En general, admiramos a las personas que son honestas, sinceras, confiables, amables y consideradas. En el caso del fútbol, solemos estar al lado del goleador de turno, del defensa que mejor intercepta los peligros del contrario, del “figura” que domina el móvil-balón con mayor habilidad que los demás… Sin embargo, como decía Ernesto Sábato: “Es que para admirar se necesita grandeza, aunque parezca paradójico”. Por eso nos sorprenden en las redes sociales cuando la crítica agresiva y avinagrada descarga sobre un personaje que, en general, es un buen profesional lo que denota, más que admiración, una envidia perniciosa. No me extraña, por tanto, esta reflexión: “Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres”.

            El fútbol es un mundo muy sujeto a todas estas experiencias y sin pretenderlo puedes caer en las redes publicitarias de los sucesos deportivos. El otro día, en la Cadena Ser, después de la victoria de España contra Croacia, parecía que habíamos realizado una gesta inconmensurable cuando 24 horas antes poníamos en duda todas las actuaciones, de jugadores y entrenador. La admiración es necesaria, pero es posible que Morata ya no pueda olvidar las críticas tan severas recibidas, incluso las amenazas graves a su familia. Y no es eso, no es eso…

           30. junio. 2021.