"Las reglas del emperador": (1) Johan Cruyff

 de MAROGAR .  artículo leído 174 veces

“Hay muchos buenos comienzos, pero pocos buenos finales”. (Whei Zheng).

Se está insistiendo en los últimos tiempos, en demasía, que “El fútbol es de los futbolistas”. Y, estando bastante de acuerdo con esa máxima, aspiro a que sean los entrenadores los que me den la visión avanzada, estratégica, organizativa del juego fuera y dentro del campo. Al fin y al cabo, un equipo nunca se aglutinará solo con jugadores sino aparece un “director de operaciones” que hace funcionar al bloque.

He leído hace unos días “Las reglas del emperador”. Tang Taizon fundó la dinastía Tang, considerado en Asia tan grande como Genhis Khan, Augusto o Napoleón. Este peculiar gobernante llenó su corte de asesores que, entre otras misiones, “debían criticarlo cotidianamente”. Ya dirijamos un país o una empresa, ya lideremos un equipo o seamos un modelo para los demás, los “gobernantes” ejercen un poder enorme sobre las personas y los recursos que controlan. Por eso mismo, a mí me parece que los “emperadores” actuales del fútbol nos enseñan a pensar en el juego, a modificar sus tácticas, a evolucionar este deporte. Los entrenadores “son capaces de influir profundamente en la sociedad, el entorno y la comunidad que dirigen. Y se enfrentan a problemas muy parecidos a los que debía enfrentarse un emperador antiguo”.

            Un maestro de entrenadores falleció esta temporada. Johan Cruyff manejó “la ilógica” del fútbol de los años 90: “Siempre he pensado que cada desventaja tiene sus ventajas. Si soy pequeño, tengo que ser más espabilado. Si no soy fuerte, tengo que ser más listo; no me queda otro remedio”. Apabullaba su racionalidad también: “Por más que evolucionen las tecnologías y los métodos pedagógicos, por más que se publiciten los tratados científicos del fútbol, por más que se intente convertir el fútbol en una ciencia exacta y previsible, perfecta e infalible a base de machacar con discursos tácticos y retórica de pizarra, sospecho que la mejor escuela sigue siendo la transmisión oral y práctica del conocimiento a través de jugadores de distintas edades. Y lo importante es que esa transmisión de conocimiento se produzca de futbolista a futbolista, ya que ambos hablan el mismo idioma y, por tanto, pueden llegar a entenderse y sintonizar”.

Johan fue un excelente continuador de Alejandro Scopelli, un entrenador casi olvidado que a mí me ilustró muchísimo en su libro “Hola Místerr… 12 años después!”. Cruyff apuntaba:  “Si el equipo contrario tiene un jugador inteligente que se desmarca muy bien, siempre optamos por la solución más sencilla: que no le marque nadie. Si no le marca nadie, no se desmarcará”. Como si fuera un juego de niños. Y otras cuestiones como ésta: “Si el rival tiene dos delanteros buenísimos, uno de sobresaliente y otro de notable, lo normal sería emparejar a nuestro mejor marcador con el sobresaliente y mi defensa notable con el delantero notable. Pues no. Nosotros no lo hacemos así. El bueno nuestro marca al menos bueno de ellos. Un problema menos”. Son soluciones que nunca un entrenador encontrará en ningún manual.

“Todos los entrenadores hablan sobre movimiento, sobre correr mucho. Yo digo que no es necesario correr tanto. El fútbol es un juego que se juega con el cerebro. Debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde”. Igual que presume: “Jugar al fútbol es muy sencillo, pero jugar un fútbol sencillo es la cosa más difícil que hay”. Rompiendo las pautas de carácter general: “La presión debe ejercerse sobre el balón, no sobre el jugador”. Y culmina con una máxima de las suyas: “Para jugar bien, necesitas buenos jugadores, pero un buen jugador casi siempre tiene el problema de la falta de eficiencia. Él siempre quiere hacer las cosas más bonitas de lo estrictamente necesario”. Del mismo modo sentencia: “Nunca debemos olvidar que el fútbol es un deporte que implica muchos fallos y en el que los aciertos pueden llegar a tener tanta trascendencia como los errores”.

Cruyff compartía las ideas de su maestro holandés Michels:  “Yo creo que la gente debería ser capaz de jugar en todas las posiciones del campo. Por eso es tan importante que todos escuchen durante las conversaciones tácticas. El extremo izquierdo no puede dormirse cuando el entrenador habla sobre el lateral derecho”. Y concluía con esta idea sorprendente: “Una de las cosas que observé siendo niño es que quienes más disfrutaban enseñándote algo eran los que mejor dominaban el balón. En cambio, los que sólo era capaces de entrarle al rival, plantarse en medio del campo y hacer obstrucción o pegar patadas no tenían nada que enseñar (aunque, me temo, mucho que aprender)”. Algo parecido a lo que me decía mi jefe máximo: “Cuando quieras hacer algo bien en la Oficina, encárgaselo siempre al empleado más ocupado…” Cruyff era de la opinión que siempre había que exigir al que más al mejor futbolista, al mejor pagado, al más idolatrado… Sin duda, los enamorados del entrenamiento aprendimos mucho del holandés.

Salamanca, 13 de junio de 2017.