Un "Mago" llamado Valerón...

 de MAROGAR .  artículo leído 834 veces

“Aún el jugador veterano deberá empezar igual que el novato, como si nunca hubiéramos visto jugar antes”. (Vince Lombardi, entrenador fútbol americano).

Oro, incienso, mirra, estrellas, caminos, camellos, vaca, burro, pastores, ovejas, gallinas, riachuelos, arenales, musgo, corcho, luces, agua, pastorcillos, San José, Virgen María, Niño Jesús,  no me cabe la menor duda de que si el fútbol hubiera existido entonces los Reyes Magos transportarían unos regalos casi imprescindibles: Un balón y unas botas de fútbol. Parecidas a las que a mi me dejaron de niño en el balcón, marrones color chocolate con leche, punteras duras, hiladillos blancos, tacos longitudinales para jugar en tierra, dos o tres números más largas que lo que requería mi pie infantil…  Eran del modelo que yo siempre había imaginado viendo las viñetas de Pieduro en la Revista Jaimito, qué bien jugaba aquel “pelopincho”…

Y el mejor balón con el que jugué en el patio de las Escuelas en Tejares – Salamanca -, mi amigo Chuchi era su propietario, se lo habían regalado en la fábrica de tapones de caucho para hacer herméticos los frascos de penicilina. La mayor virtud de aquel balón es que no era esférico, botaba cada vez para un lado aunque amortiguaba sus reacciones por su propio material de construcción muy flexible. Aquel “no esférico” era más bien un amorfo romboide, muy amable cuando le hundíamos la puntera en todo el centro geométrico y, por supuesto, menos dañino para nuestras cabezas que aquellos balones de badana donde se alojaba la vejiga del cerdo de la última matanza, cerrado con tiras de cuero endurecidas por la grasa de caballo con la que protegíamos su piel ruda… Los botes fofos e imprevistos, activaban nuestros reflejos pues la pelota nunca se mostraba franca en aquellos terrenos de tierra baldía, con carbonilla y pizarra repartidas por doquier, con el tiempo nuestra técnica acababa mejorando en el control y manejo de aquel amasijo de caucho. Eran tiempos de leyenda, de cartas muy detalladas dirigidas a los Reyes Magos repletas de deseos que se cumplían a medias (Los camellos venían muy cargados de Oriente por los arenales), lo que aceptábamos sin rechistar…  Al final, nos conformábamos sin más con el caballito de cartón piedra que yo juraría haberlo visto por el desván de casa en otras ocasiones, el balón sin válvula y “pitorro” abultado que no era de “Reglamento”, los guantes de lana, las rodilleras de fieltro y la visera para cuando nos tocaba jugar de portero… Eran otros tiempos, idealizados por la memoria…

Me imagino a Valerón, un mago del balón, jugando como yo en el patio de las Escuelas públicas, siendo niños emocionados por el fútbol. Ahora con 40 años sigue deslumbrando con su estilo y sus maneras de hacer. Como diría Joan Manuel Serrat: “Si se llevasen el miedo,//y nos dejasen lo bailado//para enfrentar el presente…//Si se llegase entrenado// y con ánimo suficiente…// Y después de darlo todo// - en justa correspoondencia - // todo estuviese pagado// y el carné de jubilado// abriese todas las puertas…// Quizá llegar a viejo// Sería más llevadero, // Más confortable, //  Más duradero…” Dos décadas en el fútbol profesional, nuestro “Mago” particular jugará esta Liga con Las Palmas natal, recién subido de categoría. Eduardo Ortega le hizo un reportaje excelente para acercarnos al hombre futbolista: “Lo que te hace mantenerte ahí es esa ilusión y esas ganas por querer seguir entrenando y compitiendo. Eso es clave… Es una profesión que disfruto muchísimo, siempre me ha gustado el fútbol. Y cuando llevas tantos años, poder seguir disfrutándola y compartir con mis compañeros todas las vivencias y las situaciones, tanto buenas como malas, que uno tiene durante la temporada, es algo que a mí me fascina”.

"Cuando llega el final de tu carrera le das mucha más importancia a todo, lo vives con más intensidad porque sabes que esto se está acabando”. Y se atrevió a colaborar con Javier Lavandeira en el libro “El entrenamiento del fútbol ofensivo”: “El talento es saber estar dentro y fuera de un terreno de juego… En mi caso, que soy futbolista, tener un don no se reduce sólo a lo que haces dentro del campo sino que también tiene que ver con tu forma de ser y de entender la vida. Creo que todo va unido… uno no está sólo en el mundo y que hay que compartir con otros. Eso hace que las cosas que te pasan no las mires desde un punto de vista egoísta, sino que necesitamos a otras personas para compartir y convivir. Eso es lo que a mí me han enseñado”. Y nos alecciona: “El dinero es lo que manda y condiciona a las personas… Pero esta sociedad nos ha enseñado todo lo contrario: que cada uno sólo tiene que mirar por sí mismo; que cuanto más tengo yo, mejor. No pensamos en los demás y creo que eso es un error... Lo más importante es que uno sea feliz con lo que hace y yo, gracias a Dios, puedo decir que fui y soy muy feliz. Y espero seguir así mucho tiempo”. (…) “Cuando me preguntan con qué jugador me gustaría compartir vestuario siempre me quedaría con Mauro y la admiración que tenía por él, lo que aprendí de él. Era alguien con un carácter y una manera de estar en el campo, que siempre buscaba lo mejor para el equipo. Sabía cuál era su papel dentro del conjunto e intentaba que todo lo que tenía alrededor funcionara bien”. Son referentes… “Hay mucha gente que no es capaz de hacerlo y no termina de encajar en el fútbol profesional. Yo creo que hoy en día hay más futbolistas porque está todo más profesionalizado, es diferente a como era hace unos años”.

Y recuerda a Jabo Irureta como entrenador de una manera singular: “En el fútbol, la gente no le da el tiempo suficiente a un proyecto, a una idea. Los resultados son los que mandan y creer en algo y mantenerlo incluso sin resultados para mí tiene mucho valor…” O sea, un jugador que aparte de generar “magia” personal como futbolista, también sabe pensar y transmitir valores. ¿Qué más queremos de los Reyes Magos de Oriente…? El fútbol debiera valer también para generar opinión, formación, cultura, saber estar…

Salamanca, 1 de enero de 2016.