¿Son un ejemplo a seguir los equipos que se abrazan...?

 de MAROGAR .  artículo leído 628 veces

Escribía yo en agosto de 2008: “Tenemos retenidas aquellas imágenes de los equipos de fútbol cuando al final de una prórroga se reúnen en el círculo central y esperan agarrados por los hombros a que su compañero marque el penalti salvador… Sin duda, la imagen al principio de un partido internacional escuchando el himno nacional es perturbadora, emocionante, quizás la que más veces recuerdo es la selección de Brasil que nos transmite un sentimiento de unión muy elevado… Una excesiva gestualidad en la celebración de un gol puede ser alienante para los equipos contrarios. A lo mejor también para los que consiguen el gol. Hay opiniones, incluso, que entienden que tales manifestaciones externas debieran prohibirse, o atenuarse, a favor de un mayor respeto al vencido. Las figuras citadas anteriormente han llegado algunas veces a originar pantomimas desagradables, fuera de lugar, que pueden provocar violencia incluso fuera del césped. En realidad es un desprecio si va más allá de lo estrictamente deportivo, es decir, alegrarse por un logro y darse felicitaciones por una consecución excepcional, o similar”.

Son referencias que, en el momento presente, observamos la alegria con la que el Barcelona, o el Atlético de Madrid, celebran sus goles. Unos porque marcan muchos y otros porque, aún marcando pocos, se muestran orgullosos de sus logros colectivos… Mientras tanto, las muestras de regocijo del Real Madrid siguen midiéndose por gramos como le ocurren a otros muchos equipos que no ganan regularmente. El fútbol es un deporte de contacto y “como sostuviera Konrad Lorenz la agresividad humana es un rasgo innato, producto de millones de años de evolución, para defender territorios y apropiarse de otros. No recuerdo ningún grabado de un cavernícola abrazándose a otro. El abrazo transmite amistad, transfiere entusiasmo, autoafirmación, refuerza el bloque, el grupo es mkás fuerte. No digamos si el abrazo se extiende a la grada, la cadena que se forma puede resultar electrizante y la energía se propaga a todo el estadio”. Y no me refiero a esos festejos, ficticios, donde 2 ó 3 jugadores “hacen el canelo” formando un teatrillo que solo sirve para humillar al equipo contrario…

También me encanta en el momento actual el cariño que muestra Zidane con sus futbolistas, es una imagen muy entrañable. El propio Luis Enrique suele ser más adusto, más arisco, más distante, pero los signos externos los palía con su trato amable aunque resulte menos expresivo. También el “Cholo” Simeone aparenta más agresividad, más exigencia, más nerviosismo en las instrucciones en banda, pero los jugadores parecen muy integrados con él y sus manifestaciones incluso en rueda de prensa son muy protectoras del futbolista. A Rafa Benítez lo mostraron como un funcionario inexpresivo con los jugadores, quizás era superior a su forma de ser aunque la empatía no parecía una de sus mejores virtudes. Pero igualmente hay también muchos entrenadores “pelotas” que manifiestan mucho cariño externo y luego, por detrás, son poco claros con sus jugadores… A mí me encantaban aquellos abrazos de Rijkaard con el Barcelona de la autogestión, por lo que recuerdo haber escrito otras veces que “Transferir nuestra energía con un abrazo aumenta nuestras propias fuerzas”. Un abrazo al compañero es un gesto de reconocimiento de su valor, con un abrazo podemos expresar nuestro aprecio, nuestro agradecimiento, nuestra felicidad.  En realidad, es cuando más estamos dispuestos a compartir si damos antes de recibir. Celebrando con otros les hablamos sin palabras, con gestos, de corazón… Y ello sirve para transmitir a la grada con entusiasmo… El fútbol permite vislumbrar en las profundidades del alma de los espectadores, de los directivos, de los periodistas, de los entrenadores, de los propios jugadores… Habiendo una feliz coincidencia, todos se alegran cuando se abrazan.

Afirmaba Eduardo Galeano: “Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana”. Nos sentimos bien con el contacto físico, un abrazo es universal y en el fútbol es un idioma sin palabras. En mi artículo referenciado aseguraba: “Cuando nos abrazamos llevamos vida a nuestros sentidos y reafirmamos la confianza del otro”. En el fondo, es fácil distinguir que los equipos que pierden se abrazan mucho menos…  Sería fruto de un profundo análisis y observación si nos circunscribimos a la Liga española.

Observemos este fin de semana los partidos que se celebren. Viendo partidos en directo o resúmenes, vislumbremos el estado de ánimo de los jugadores y de los equipos. Ahí se pueden tener unos excelentes síntomas de cooperación, de colaboración mutua, de integración, los equipos que más se abracen a pesar de los resultados determinarán el futuro más o menos cercano de esos equipos. Resurgirán y superarán los malos resultados, cumplirán los objetivos más inmediatos por conseguir aquellos equipos que sean capaces de hacer bloque y “quererse” haciendo manadas sentimentales. Sin duda son un ejemplo a seguir, un excelente baremo para tomar las decisiones más inmediatas, todos los equipos que se abrazan y no solo cuando marcan gol...

Salamanca, 11 de marzo de 2016.