Síntesis segunda (Énfasis en el fútbol y el balón) de mis libros publicados 4º, 5º y 6º.

20.03.2020 15:46 de MAROGAR .   Ver lecturas

“El balón es el elemento que socializa a los individuos ubicados en el césped, también a los que están en las gradas, es el que les crea la necesidad de asociarse, de respetarse. Y el equipo se forma a partir de que todos deciden compartir una tripa, una pelota escurridiza a la que todos quieren manejar…” (Pablo Nacach)

Evidencias y paradojas del fútbol (2012):

“El fútbol tiene una jerga particular difícil de interpretar, mantiene muchas frases prefabricadas. En “El fútbol es asín”, de Juan L. Antón García aparecen términos que precisan de matices: “Balones largos (No redondos); Balón envenenado (¿Con qué sustancia los hincharán?); balón muerto (¿En que funeraria estará dado de alta?; olfato de gol (¿Cómo huele?);comerse un gol (¿A qué sabrá?); hambre de gol (¡Ahora ya me explico lo de comérselo…!); tragarse el gol (Ya no se conforma con comérselo como todo el mundo); gol de churro (Por lo menos que sepa a algo comestible); rebañar la pelota (Se ve que estaba rico el gol); balón a la olla (Al menos que esté bien cocido, para que no se lo coman ni se lo traguen crudo); matar el partido (¿Por eso van de negro los árbitros?); jugador gaseosa (Para echar el hipo, quizás, son jugadores que se disipan cuanto están un ratito en el campo); apagafuegos (Cuando todo está perdido, siempre aparece la solución)…”

Vladimir Dimitrijevic escribió en “La vida es un balón redondo”: “Mientras que si usted tiene eso que gira, que circula, y que yo llamaría el mecanismo de relojería de un equipo, su concordancia interior, constatará fácilmente que cada giro se bonifica. La mecánica orgánica es algo absolutamente particular: de repente se tiene un buen equipo, el Ayax por ejemplo, formado por jugadores que habían jugado cinco años juntos antes de convertirse en estrellas. Hay eso que se llama la predisposición innata: ya no es un mecanismo, ha devenido orgánico… Hay equipos que son mecánicos, disciplinados, y hay equipos que son orgánicos, como un cuerpo humano… Los grandes equipos, sobre todo los que yo evocaría, son equipos de amigos, de amigos de infancia, de niños de una época, de un grupo social o de una nación. La amistad y la infancia juegan un gran papel. El equipo es un sueño, una fe. El equipo es como la tripulación de un avión de combate: cada uno debe cumplir su tarea para la supervivencia de todos, para marcar goles y evitar recibirlos”. 

“El partido sucede, para la mayoría de los aficionados al fútbol, allí donde está la pelota. Todavía quedan buenos narradores de partidos de la escuela de Matías Prats, quizás acaben absorbidos por petulantes comentaristas que se olvidan de los que están al otro lado de la transmisión. Los buenos narradores de partidos que ubican siempre el juego en el punto geográfico donde se encuentra el balón: “El esférico se encuentra en el semicírculo del área de penalti…”; o también “El balón bota sobre la tangente del círculo central en el campo del equipo local”; o incluso “La pelota aparece en la posición teórica del interior derecho”… Y es que el balón es como la brújula que orienta todo el juego, traza las rutas del partido, señala los caminos hacia la satisfacción del fútbol selecto y bien jugado”.

“Lo que sí estamos todos los aficionados de acuerdo es que el balón es como un sonajero y nos distraemos con él como si fuéramos niños. Porque, gracias al balón, obtenemos la medalla de oro de los futbolistas: El gol. Un bien escaso en el mundo del fútbol. Y los aficionados presumimos con los goles como si hubiéramos sido nosotros los autores de la acción magistral”.

“En todo caso, que no nos pase como aquel niño bien que su padre le regaló un balón de reglamento el día de su cumpleaños. Y cuando aquel juguete esférico se mostró ante los ojos sorprendidos del niño, éste preguntó a su padre con la inocencia de quien no jugó nunca al fútbol: “¿Y dónde están las instrucciones?”

De fútbol y de hombres (2013):

“Libro del fútbol” de Pablo Nacach:  “… Y le sacó la tripa, la rellenó y fabricó así una pelota, pidiendo a continuación a sus hombres que le dieran patadas, y premiaba a aquellos que le daban muchas”. Fundamento irrenunciable, la pelota, el balón, la bola, el esférico… Su posesión te hace llevar la iniciativa, aunque también la responsabilidad del partido. El juego bueno, bonito, lo requiere, aunque siempre habrá matices y opiniones contradictorias”. 

“Dominar el balón muy bien, regatear o pasar puede resultar erróneo si se hace cuando no es el momento apropiado. Aquí podríamos concluir: “El emperador amarillo Rafa Benítez no gusta ni premia a aquellos que dan muchas patadas a tripa rellena…” Aunque comparto con Benítez: “Evidentemente, la calidad técnica ayuda a ejecutar mejor lo que el jugador ha pensado, pero la clave está en pensar, en entender el juego, y elegir bien. Por eso me gusta razonar a los jugadores para que comprendan ellos mismos por qué hacemos las cosas de una manera u otra”.

“La esfera del balón blanco de fútbol es simple pureza. El balón es un invento de los niños para poder jugar con él, hacerle rodar y correr detrás de él. A la edad de cuarenta centímetros el bebé lo acaricia con la mano y si se le escapa se pone a llorar. Más tarde a la edad de un metro, cuando se le va al suelo, el muchacho ya lo alcanza con el pie y le da pataditas y empieza entonces el baile del niño con la pelota… En la escuela o en la televisión, pronto le dan un nombre a su juego, le llaman fútbol y el niño ya tiene como llamar a su juego. Lo que no sabe es que ya su juego pertenece a los grandes, a los adultos, y que desde ahora su juego es adulterado, ya no es suyo… Ya no se puede jugar en libertad”. (contrapié.com).

Esplendor en la hierba. (2014)

“Cuando veo un partido de fútbol, no sólo veo veintidós hombres corriendo detrás de un balón; veo algo más, veo algo divertido, muy divertido: a veintidós hombres que, como en mis películas, se acercan y se alejan; se caen y se ponen de pie; se juntan y se separan, se buscan y no se encuentran… y entonces me río”. Lo más esplendoroso de esta excepcional definición sobre el fútbol es que la escribió Charles Chaplin. (Leído en el libro “¡Fatal! ¡Fútbol! ¡Fatal!”, de Walter E. Pimienta Jiménez.)

“Gente pragmática como Giovanni Trapattoni nos puso los pies en el suelo: “El balón es una cosa muy bonita, pero no hay que olvidar que por dentro es sólo aire.

“Las competencias del futbolista suelen asociarse a la técnica con balón, se valora mucho más el regate, el manejo en corto, los golpeos, los controles, etc., mucho más que las cuestiones tácticas. Las influencias del fútbol practicado en España nos han llevado a la era de la posesión y del toque en corto; sin duda es más apreciada la técnica específica de Iniesta que la de Busquets, por otra parte ambas fundamentalmente necesarias”.

“Incluso a los mejores futbolistas les podemos sacar mejoras posibles. De hecho, los futbolistas repiten sus habilidades adquiridas de niños, gestos aprendidos de manera espontánea en el barrio que están ahí, imperceptibles, que las repiten sin apenas esfuerzo. Si observamos a Kaká, cuando conduce por el sector izquierdo de la cancha ofrece el balón por el lado del defensor y sin protegerlo. Debería conducirlo con la pierna inhábil, la izquierda, y alejando el balón del contrario interponiendo su cuerpo… Suele ocurrir que la mayoría de las veces pierde el balón por ese defecto técnico.  En realidad, suele ocurrirle lo mismo a Ozil y a Di María… Asimismo, Cristiano Ronaldo es imparable cuando conduce a la máxima velocidad pero, si se para, en posición estática abusa de bicicletas, amagues rígidos, mucho juego de pies encima del balón, pero al no desplazarse del lugar el contrario tampoco se desplaza ni cae en engaños si fija la mirada en el balón”.

“… cuando Messi conduce el balón prendido al pie izquierdo y el centro de gravedad muy próximo al suelo, su contacto con el balón es permanente. En la salida del regate siempre busca ese perfil… Pero él se beneficia siempre de que los contrarios, varios a la vez, le hacen sombra sin entrarle la mayoría de las veces, sin intimidarle, le rodean pero apenas le entran. Cuando ello ocurre, aparece el defecto capital de este tipo de defensas. Al defenderle con uno, dos, tres, cuatro jugadores o más, al unísono, como si formasen un conjunto coreográfico, van todos los defensores tan cerca unos de otros que Messi sortea a varios de una vez, con un toque, con un quiebro, con una aceleración, con una pared urgente… La falta de coberturas entre defensores es explotada inteligentemente por el delantero argentino. Libera al primer defensor y al resto de ellos en el mismo acto. Las distancias defensivas deberían coordinarse con mayor acuerdo entre defensas, los espacios deben ser ligeramente mayores, proporcionados para poder llegar a hacer coberturas eficaces, múltiples… Los defensas deben intimidar, amagar entradas, provocar pérdidas, pero no pueden ser pasivos e ir varios jugadores en el mismo plano… Por otra parte, se sabe que la mayoría de las salidas van a ser hacia el perfil izquierdo. Y, cuando Messi hace “la croqueta” su pierna derecha devuelve el balón inmediatamente a su pierna izquierda”.

              Salamanca, 20. marzo. 2020.