Síntesis primera (Énfasis en el fútbol y el balón) de mis tres prrimeros libros publicados.

27.01.2020 11:30 de MAROGAR .   Ver lecturas

“El balón tiene que ser el que une, el catalizador, el que rompe los egoísmos”. (La Ignorática y el fútbol. Marogar).

            Las líneas maestras de todos mis libros se apoyan en cuestiones fundamentales para el fútbol, distintos pensamientos, ya propios, ya ajenos, tienen su norte: el balón. Releí los ensayos publicados y sinteticé con estos pequeños apuntes, significativos, lo que siempre perdurará como la brújula del fútbol:

La Ignorática y el fútbol (2009):

“… no puede tomarse hoy un gol como perfecto si no describe una trayectoria alabeada. Es decir, si el balón no consigue una evolución que haga pensar en un contenido melodioso y una ondulación interior que antes no poseían los goles siendo obras de machos recios y con tríceps de pedernal…” (Vicente Verdú).

“El universo está lleno de cosas mágicas que esperan pacientemente a que se agudice nuestro ingenio”, dice Eden Phillpott. Desde la antigüedad, el balón marca el estilo de los equipos de fútbol con la magia de su movilidad. Es la brújula con la que se guían los jugadores. Sin él están perdidos, nunca encontrarán un espacio favorable pues se encontrarán fuera de lugar, como no participando en la fiesta del fútbol…” 

“Desmond Morris asegura que “El centro de todas las actividades de la Tribu del Fútbol es el balón. En tanto objeto material, su principal propiedad es la “movilidad imparcial”. 

“También Jean Giraudoux poetizaba: “… el equipo da a la pelota el motor de once malicias y once imaginaciones”. 

“Con el balón en nuestras botas debemos ejercer las cuatro potencias más significativas que te dota en el juego (Vicente Agraz, “Sistema aposicional. Visión. Espacio. Tiempo”): La seguridad, la amenaza, la velocidad y la iniciativa”. 

Apología del fútbol (2010):

           “La recuperación del balón es un arte, se debe tener talento y entrenamiento para ello. Parece que ahora nadie sabe recuperar el balón de otra manera que no sea a base de empujones o agarrones. Es que hasta las mal llamadas faltas tácticas reciben el beneplácito de los aficionados y hasta de los periodistas como una condición de buena defensa… Si hacer faltas burdas es un gesto de inteligencia futbolística pues “apaga y vámonos…”

          “Las habilidades defensivas que se ejecutan dentro del Reglamento son menos ponderadas que si los defensores son agresivos, entorpecen, hacen faltas tácticas y ponen “cara de fieros…” De hecho se pondera demasiado los goles conseguidos pero nadie dice nada de los goles evitados o no recibidos. Es una discriminación absurda. Y los defensas acaban siendo conocidos por las marrullerías que ejecutan en los partidos, no por las buenas acciones técnicas ejecutadas para beneficio de su equipo.  Claro que es más fácil distinguir la estética de un buen pase, o de un buen remate, o de un buen gol, que el disfrute de un buen marcaje, una buena anticipación, una recuperación de balón sin tener que despejarlo a la grada”. 

          “Un niño que aprende a jugar al fútbol debe estar en contacto con el balón, cuanto más mejor, incluso debiera ser un “chupón” de balón… Hasta los 14 años, más o menos, los jugadores deben aprender a “jugar al balón” dominarlo, regatear, fintar, amagar, saber manejarlo con el máximo de superficies de contacto. Ya aprenderán el juego de conjunto y las tácticas más adelante”.

          “El juego al primer toque puede dar lugar a imperfecciones en el pase, a precipitaciones, a fallos inmediatos por querer hacer aquello para lo que todavía no se está preparado. Queriendo jugar “de primera” se puede convertir en una sucesión de errores, el juego veloz se convertirá en imperfecto”.

          “A medida que se evoluciona de “saber jugar al balón” al siguiente y definitivo estadio de “saber jugar al fútbol” las acciones se comienzan a ejecutar de una manera más eficaz, más rápido, más preciso”.

          “Una vez le preguntaron a la teóloga alemana Odrote Solle: “¿Cómo explicaría usted a un niño lo que es la felicidad?” Y respondió: “Le tiraría una pelota para que jugara”.

Futbolandia: Ensoñaciones, realidades y virguerías del fútbol. (2011)

           “El fútbol empieza en un balón. Sin él, es imposible que el juego se inicie y discurra. Una pelota que rueda, un campo de tierra y un tropel de muchachos que corren para hacerse amigos de ella. Todo ello es suficiente para formar una de las reuniones más saludables de la tierra. Unos con más apego que otros, con más habilidad, con más aplomo, con más seguridad, con más gusto por el manejo sutil…”

          “El fútbol de hoy evolucionó muy rápido si solo nos fijamos en la pelota, materiales nuevos, diseño, dibujos, suavidad en el toque, hasta han modificado sus leyes físicas… Pero hay una que nunca podrá cambiar, a mejor fútbol mayor contacto con el balón, al menos más estético, más gustoso, más especial, de ese sentimiento que incrementa los jugos en la boca”. 

          “En todo caso, eso siempre ocurre, si uno trata de poseer la pelota el de al lado también la quiere. Es ley natural del fútbol. Forma parte del ludismo que aporta el juego con mayor claridad. 

          “A algunos equipos no les interesa la pelota, aseguran que no tienen creatividad para la posesión y renuncian a ella por razones tácticas. No la quieren y ésta se siente como un niño hospiciano: No le dan cariño, no le aportan personalidad, se siente repudiada. Pero el fútbol competido devuelve lo primario del juego, ahora mía, ahora tuya. Otra cuestión es la inteligencia en el juego, quien la desea más y para qué, cuánto pone a contribución…”

          “Es el balón quien confirma al ganador; incluso justifica si el partido mereció la pena. El tiramisú de fútbol lo degustamos como un pastel de variados sabores y colores. Volvimos a adorar al becerro de oro, el balón, inanimado, inocente, protagonista… Dulce, también, como esa mezcla prodigiosa. Para mí, el fútbol puede llegar a saciarme como un tiramisú. ¿Saciarme un tiramisú…? Imposible que el fútbol me sacie…”

          “Sueño… con un balón de fútbol, blanco, uno de mis distinguidos universos personales. Un invento insuperable, puro, los niños corren detrás de él, lo recuperan, lo acarician, incluso lo alojan en su cama y duermen con él. Ese universo como una luna llena, ese juguete esférico que debe seguir moviéndose con plena libertad, en cualquier ambiente o territorio posible. Tan puro e infantil como mi niego Oscar que ya patea de bote pronto a sus 21 meses, con inusitada coordinación…”

                 Salamanca, 27 de enero de 2020.