Los miedos del fútbol

10.09.2018 11:27 de MAROGAR .  artículo leído 91 veces

“El fútbol me recuerda viejos e intensos amores, porque en ningún otro lugar como en el estadio se puede querer u odiar tanto a alguien”. (Francoise Sagan).

            Como negocio generador de grandes sumas dinerarias, pueden aparecer numerosas inquietudes cruzadas en torno al balón y sus protagonistas. A mi me gustaron especialmente las declaraciones de Paco López, entrenador del Levante, a finales de la última temporada, y la presente, quien tuvo su mayor mérito en estabilizar a una plantilla que logró la permanencia sobre todo porque supo calmar los miedos inherentes a un equipo con resultados escasos hasta entonces en una competición compleja. Pero, ganando confianza, pudo soportar mejor la competición y, al final, conservaron la categoría de Primera división. Imanol Ibarrondo, un coach con ideas muy interesantes de fútbol, escribió el libro “La primera vez que le pegué con la izquierda”: “Ser futbolista es lo mejor que existe… si no fuera por los partidos” se dice en el mundillo futbolero. Puede parecer exagerado pues sin duda hablamos de una profesión privilegiada, pero hay situaciones, partidos, fases de la competición, o incluso, temporadas enteras, en las que el miedo ocupa todo el espacio. En un escenario cada vez más complejo y exigente, en el que cada encuentro se plantea como “el más importante”, “es una batalla”, “nos jugamos la vida”, “es un partido a vida o muerte”, “es una final”… enfrentarse a situaciones sencillas y cotidianas, como jugar al fútbol, genera tales niveles de ansiedad e incluso de angustia (y no hablo solo de profesionales y adultos), que estas tóxicas emociones acaban consolidándose en estados de ánimo que bloquean el rendimiento de los deportistas y tienen negativos efectos colaterales en sus vidas”. 

(…) “He llegado a la conclusión de que cuando no disfrutaba en los partidos era porque tenía miedo. Tenía miedo a fallar, a tomar decisiones erróneas, a no cumplir las expectativas… Miedo a hacerlo mal, al que dirán, a no estar a la altura, a demostrar que no era suficientemente bueno, a hacer el ridículo, a las críticas, miedo a perder… en definitiva, miedo a la vergüenza. Este miedo absurdo e irracional es lo peor que le puede pasar a un deportista (y a cualquiera), pues paraliza, bloquea, impide rendir en función de las capacidades reales, inhibe el talante y hace que la apariencia en el campo sea de falta de actitud, de indolencia, de pasividad, de poca motivación, de falta de implicación… Lo que provoca mayores juicios negativos, más errores, más críticas, más pérdida de confianza… más miedo”. (…) “El miedo hace que te enfrentes a un partido como si fuera una amenaza en lugar de una nueva oportunidad para disfrutar intensamente de tu privilegio. Es la diferencia entre los que disfrutan del juego, y los que se sienten tan atenazados por él que lo viven angustiados, entre los que no tienen miedo, ni vergüenza (¡qué bendición!) y los que no lo pueden superar”. 

Existen serios condicionamientos en el fútbol. Se forman grupos de presión por la excesiva exigencia de rendimientos, no tanto por los aficionados en general sino por los medios de comunicación, y no es fácil aliviar tensiones. Por eso, recuerdo las expresiones de Paco López, del Levante, cuando señaló “Llego ahora a Primera división después de 300 partidos dirigidos… Jugar no es lo mismo que entrenar… Hay gente que ha tenido muchas enfermedades o lesiones, pero eso no hace que seas válido para curar”. Las soluciones prácticas no son fáciles, eso sí, la ganancia de confianza para orientar los miedos depende de los resultados y éstos, a su vez, no dependen exclusivamente de tus prestaciones sino de las cualidades de los demás equipos. Esta Liga 2018/19 comenzó con resultados bastante sorprendentes, el Rayo Vallecano jugó excelentemente y puso en un aprieto al Atlético de Madrid. Lo mismo que el Valladolid puso en dificultades a todo un Barcelona. Los dos primeros clasificados de la última Liga acabaron ganando por la mínima a dos equipos recién ascendidos. Si esto fuera una tendencia, la Liga estaría viva, progresaría mucho más. Luego, días más tarde, el Huesca visitó el Nou Camp y comenzó ganando para sorpresa de todos. Al final, el Barcelona metió 8 goles dando al traste con las anteriores expectativas. Igual que sorprendió la última derrota del Atlético de Madrid, o el empate de un Valencia que aspiran a estar en puestos de cabeza. Y después de tantas críticas por falta de fichajes, el Real Madrid ha ganado los tres partidos celebrados; eso sí, enseguida alguien se precipita a señalar que los contrarios han sido equipos modestos, precisamente contra éstos perdió la Liga pasada el Real Madrid. Por tanto, igual que el juego es una explosión de momentos fugaces o preclaros de los equipos, un partido concreto no señala la evolución futura de los equipos. De ahí que debamos tener en consideración las opiniones de Ibarrondo cuando nos alienta a que no rompamos la baraja a los primeros problemas que surjan en la competición. 

Es evidente, hasta ahora, que en este inicio de Liga el Real Madrid está practicando un fútbol excelente aún con la ausencia de Cristiano Ronaldo; o que el Atlético de Madrid después de la victoria al Real Madrid en la “Super Copa” ha tenido unos resultados inciertos que rompen expectativas inicialmente; o que Luis Enrique como Seleccionador español ha iniciado una nueva etapa y ante la no citación de Jordi Alba provocó los típicos comentarios de que a los mejores hay que citarlos “aunque no nos caigan bien”, supuesto periodístico ante las declaraciones que el futbolista hizo de manera tajante posicionándose a favor de Valverde frente a Luis Enrique; o la aparente campaña contra Marcelo en el Real Madrid aventurando un traspaso a la Juventus de Turín, precisamente porque “no defiende bien en el lateral izquierdo” cuando después de 11 años en el club esto no resulta ninguna novedad porque se le da prioridad a otras virtudes del excelente jugador brasileño. Y, en mi caso, sí que me da “miedo” la falta de rigor informativo de cierta prensa deportiva que más bien pareciera informar al dictado de los jefes para intentar perjudicar a otros jefes, es proverbial la idea de que el Grupo Prisa está en contra de Florentino Pérez; y me imagino que éste se manifestará a la recíproca. De ahí que Isco no contestase a Diego Torres, de El País, señalándole que “conteste lo que conteste tú pondrás lo que te da la gana” y acto seguido muchos periodistas afearon al futbolista dicha actitud, una vez más la prensa se corporativizó aunque luego entre ellos se lleven a matar...

Por las mismas fechas, el futbolista Ceballos del Real Madrid se atrevió a criticar a su anterior entrenador porque “Cambiaba de sistema táctico para poner a otros jugadores”. Por supuesto, el futbolista no hace ninguna autocrítica. Y no analiza sus carencias futbolísticas para ser titular en el Real Madrid, pues siendo un excelente jugador, centrocampista, practica un juego individualista todavía, con poco peso colectivo en los partidos careciendo de creación grupal, inferior todavía a jugadores como Casemiro, Modric, Kroos, o el mismo Isco. Y todo porque seguimos jugando a la “tontería” de titulares y reservas, el otro día salía el dato de Lucas Vázquez que, no siendo titular, jugó la pasada temporada más de 50 partidos, con toda seguridad de los que más partidos juegan en otros equipos siendo titulares de otros equipos. Sin duda, en el día a día se encuentras elementos llamativos como para detectar que somos muy críticos con los demás mientras que protegemos nuestras propias acciones. A mí me sirve “Twitter” para captar las incongruencias del pensamiento de unos y otros, siendo difícil obtener un pensamiento objetivo y claro, transparente, limpio de segundas intenciones. Como dice Evole: “Si las noticias son falsas, para que sirve el periodismo”. Pero actualmente es un sucedáneo muy válido porque en los medios oficiales hay demasiado “opinador” de mala fe, para mí lamentable. 

Otra cuestión más por esta vez. Estos días no han nominado a Messi para un determinado premio individual y los más tajantes aseguran, “digan lo que digan el mejor es Messi”. Por esa regla de tres, los contrarios ya no se presentarían ni al partido pero demostrado está que las competiciones no siempre las gana el mismo. Sería como si a Indurain, o Alonso, o Federer, o Nadal, o Michael Jordan no tendrían que participar en ninguna disputa porque ellos siempre serían los mejores “sin bajarse del autocar”, como decía Helenio Herrera. Y voy a insistir en esta opinión muy particular, repetida ya numerosas veces, que para mí “no hay un jugador mejor”. Messi será de los mejores en su especialidad de tres cuartos de campo adelante, pero Busquets es superior a él en su tarea de medio campo; y Piqué, o Ramos, en su especialidad de marcadores en el centro de la defensa no tienen rival en Messi, siendo muy superiores; no digamos de portero... O sea, todo es relativo en su concepción, como el valor de una carta concreta en una combinación de póker, o una pieza específica en el juego del ajedrez, etcétera. Lo que pasa es que los espectadores de fútbol siguen mirando por el prisma de la individualización y desconocen el valor del grupo, del equipo coordinado, donde unos prestan a otros sus carencias y complementariedades apoyándose mutuamente. Y entre simplezas y simplezas se van acumulando las complejidades en el fútbol...

Salamanca, 10 de setiembre de 2018.