Las rotaciones, subyugante estrategia para el fútbol futuro...

 de MAROGAR .  artículo leído 255 veces

“Todo lo que tiene que hacer un entrenador es tener contentos a once jugadores: los once suplentes. Los once titulares ya son felices porque son titulares”. (Un futbolista inglés).

Las rotaciones globales que Zinedine Zidane puso en práctica en el Real Madrid, temporada 2016/17, es una de las estrategias más avanzadas en la gestión de equipos para el futuro del fútbol. Debiéramos observar si muchos más entrenadores tratarán de imitarlo, aunque los cobardes seguirán esgrimiendo aquello de que no tienen presupuesto suficiente para tener un “buen fondo de armario”. Lo cual resulta una falacia dado que los titulares siempre serán once, pero las fichas disponibles suman veinticinco y, si algún jugador no reúne condiciones, que no esté en el club. Es hora para que dejen de engañarse y que dejen de engañarnos...

El exceso de propagandismo con los jugadores jóvenes sigue siendo una tónica. En el Real Madrid, el futbolista Isco va siendo una realidad porque modificó su estilo inicial de juego tan individualista y ha ido añadiendo otras cualidades fundamentales: Lucha, esfuerzo, recorrido, compartir más el balón, asociarse con más compañeros, reducir conducciones, defender, subir, bajar, etcétera. Ahora mismo, asistimos a la “canonización” de Asensio, un magnífico y nobel jugador, un excelente atacante que sorprende con goles imprevistos de gran factura. Pero Asensio sigue siendo un futbolista en ciernes, aún formándose, aún con lagunas de ritmo de juego, que debe superar aquellas etapas del partido donde se oculta como el Guadiana, que debe aparecer muchas más veces en el juego tanto en ataque como en defensa. Aunque su buen carácter le ayudará en su desarrollo porque no suele engallarse con los éxitos…

Las rotaciones son una estrategia que les cuesta aplicar a los entrenadores, incluso en el fútbol de niños donde el resultado debería ser lo de menos… Se sigue cometiendo el eterno error de distinguir, de una manera demasiado evidente, los “buenos” de los “malos”. En mi etapa de entrenador se fijaban premisas básicas a los jugadores: Entrenamientos regulares, se penaban las ausencias sin justificar, el aprovechamiento académico era tenido en cuenta igual que la dedicación en las sesiones de entrenamiento, “fair play” y respeto a los contrarios y a los árbitros, etcétera. Una escala de valores con la que conseguir una educación deportiva sana pero altamente competitiva orientada a la cohesión del equipo. Por supuesto, nadie era titular indiscutible si no cumplía las pautas mínimas…

Escribí en “De fútbol y de hombres”, capítulo “3.7. Incertidumbres/2”, “… se debe desechar la peyorativa expresión con la que se conoce al grupo de jugadores que habitualmente no juegan: “El carro del pescado…” Del mismo modo, nunca estaré de acuerdo con entrenadores, analistas o periodistas que aseguran, tozudamente, que debe haber un equipo titular y otro, reserva y, además, que los jugadores deban saberlo expresamente. Salvajada que nadie soportaría en su propio trabajo:” ¡Oiga, que sepa usted que nunca llegará a redactor jefe de este periódico porque “Menganito” es mejor y más inteligente que Vd…!”. Por supuesto, se amplía toda una gama de criterios y conceptos por las que las rotaciones son beneficiosas para el rendimiento individual y colectivo. Insisto que, para mí, es una estrategia subyugante, atractiva, seductora, incitante… Pero tiene muchos riesgos formales porque también tiene muchos enemigos. Tengo escrito demasiadas veces, en contra de la opinión de muchos expertos, que las rotaciones de los porteros también deben producirse con mayor asiduidad. Y fui mal entendido en su día cuando di razones por las que Casillas se había descapitalizado él mismo, debido a la falta de competencia con otros colegas porteros, se fue abandonando sin darse cuenta, se fue limitando en sus prestaciones…

Un equipo que rota es un equipo solidario, cooperativo, se capitaliza de manera permanente lo cual beneficia a las individualidades y al club, minora las luchas intestinas en vestuarios incrementando el respeto de los jugadores entre sí, todos ellos se incentivan por el objetivo común… Los jugadores no necesitan discursos y saben por qué están en un determinado escalón retributivo, pero si juegan tienen opciones de mejora personal por la capacidad de demostrarlo en los partidos. Como dijera Albert Bandura, “Confiar en ti mismo no garantiza el éxito, pero no hacerlo garantiza el fracaso”. Ese estado de tensión permanente incrementa la actitud y la mejora del estado de forma porque, en cualquier momento, el entrenador te alinea y debes rendir a plena satisfacción. Por tanto, deja de existir la brecha que en otros equipos se produce entre titulares y reservas. En todo caso, los equipos que rotan son más fuertes, aportan más intensidad al juego, se lesionan menos los futbolistas porque descansan más, la confianza en todos los futbolistas es una realidad generada por el entrenador que crea un ambiente insuperable porque los jugadores se sienten altamente partícipes…

Salamanca, 25. agosto. 2017.