"Las reglas del emperador". (8) Arrigo Sacchi.

 de MAROGAR .  artículo leído 234 veces

“Para convertirte en un jinete, no tienes que haber sido un caballo”. (Sacchi).

            Desarrolló un modelo ganador en el Milán de Berlusconi, admirado, imitado, con un poso fundamental para la evolución futura del fútbol. Decía Arrigo Sacchi: “Dejé de jugar al fútbol con 19 años porque enseguida comprendí que nunca sería un campeón”. Y logró una evolución del fútbol italiano traspasando los límites del marcaje individual “persecutorio” a la marcación zonal, más creativa y grupal. Implantó una alta exigencia en la preparación física, incorporó la iniciativa del juego con balón, el “achique”, el fuera de juego, la coordinación entre todas sus líneas, llevaron a nominarle como “El profeta de Fusignano”, sin duda uno de los mejores entrenadores contemporáneos creando escuela: Carlo Ancelotti, Frank Rijkaard, Marco Van Vasten, Roberto Donadoni, Ruud Gulli, Mauro Tassotti y muchos otros jugadores que llegaron a entrenar como su maestro.

            Cuenta Sacchi que le dijo Berlusconi: “Te doy tres años”. Aquel le contestó: “Me parece demasiado… En realidad la gente nunca te da mucho tiempo para triunfar en este mundillo”.  Siempre repetía Sacchi: “Yo quiero jugadores que se entrenen con pasión, disciplina y motivación”. Y trascendía: “La victoria podrá quedar en los libros, pero la forma de conseguirla queda en la cabeza de la gente”. (…) “Si un entrenador no tiene el coraje de hacer lo que cree justo pierde antes de jugar”. (…) “A la pelota pueden jugar todos, al fútbol juegan pocos”. Ya entonces Sacchi señaló: “Hoy en día se valoran los resultados antes que la capacidad de trabajo. Pero no se puede construir un rascacielos en un día y, en su lugar, los presidentes se conforman con una chabola”. Criticando la actitud italiana frente al juego: “Si hubiésemos entendido el fútbol como un espectáculo deportivo, nos habría ayudado a aceptar que una victoria sin méritos no es una victoria”.  De paso filosofa: “Italia ha sido un país de estetas en la poesía, la pintura, en las artes. Pero en el fútbol ese concepto lo ha repudiado”.

            Sacchi precisa aspectos metodológicos: “Si no tienes un buen guión, los actores, por muy buenos que sean, no se sostienen solos. Si juegas muy cerca de tu compañero, el pase será más rápido y preciso. Si juegas a 40 metros, recibirás la pelota casi siempre de espaldas y alta”. Insistiendo sobre el fútbol italiano: “En Italia siempre se ha pensado que el calcio es un deporte individual en el que el entrenador solo estudia cómo frenar al rival…” Hay que tener un guión y no puede escribirlo un solo jugador; te lo da una idea de juego”. A su vez reflexionó: “Hemos tenido grandes jugadores, pero nos ha costado ser dueños del campo y del juego. Eso es por concebir el fútbol en función del miedo y del rival. Si los chicos tienen que aprender, prefiero que aprendan jugando al fútbol. Yo les diría: “Si les dejan la pelota a los adversarios, ¿cómo pretenden divertirse? Mejorarán la atención, aprenderán a sufrir, ¡pero carajo! ¿Y la sensibilidad del juego y la estima personal?” (…) “Un grupo solamente se forma si todo el mundo habla el mismo idioma y todos están capacitados para el juego colectivo. No se consigue nada en solitario o, si acaso, sólo resultados efímeros. Con frecuencia me refiero a lo que decía Miguen Ángel: “El espíritu guía la mano”. Toda una filosofía de funcionamiento que no todos los entrenadores saben transmitir…

            Arrigo profundiza: “Hay que aspirar a la calidad, no a lo superficial ni a lo fácil. Yo no voy a una panadería por la panadera, sino por el pan… La exigencia absoluta, el rigor; eso es un maestro”. Le preguntaron a Sacchi en cierta ocasión: “¿Cuál ha sido la última gran revolución en el fútbol?”. A lo que respondió: “Hubo un proceso que empezó el Ajax con Michels y Kovacs y que afectaba a la dinámica del juego. Todo era rápido. Yo tenía la sensación de que la tele era demasiado pequeña para mostrar todo. Era un fútbol de movimiento, de sincronía, armonioso, veloz. Los defensas estaban al ataque y los delanteros casi de defensas. Un fútbol total. Se pasó de lo individual a lo colectivo. El juego era como la trama de una película y esa trama sólo te la puede dar el entrenador. Después fue nuestro Milán, del que World Soccer dijo que fue el que mejor jugó de la historia…”

Le siguieron preguntando a Arrigo: “Tras el Ajax, ¿Cuál fue la aportación de Sacchi? – “Pensé que había que aprovechar a los once jugadores. ¡A los once! Que se movieran juntos. Creamos la sinergia. Esa es la diferencia entre un deporte individual y uno de equipo. Los éxitos parten de estar juntos, de achicar los espacios. Y de ser veloz. ¡En mi Milán sólo había dos o tres jugadores capaces de regatear! Pero nos movíamos juntos, había menos cansancio… Estábamos cerca y la técnica era más sencilla. Es más fácil pasar a diez metros que a cincuenta. Siempre había once jugadores cerca, en posición activa. Pensábamos que había un hilo que nos juntaba a todos. Era el fútbol del futuro”.

Repite muchas veces Sacchi: “Hay un poeta italiano que decía: “Sin obsesión no hay arte”. En cierta ocasión, cuando el Milán lo había ganado casi todo, Baresi le dijo a Sacchi: “Ahora somos los mejores del mundo”. Y Arrigo le contestó: “Sí, hasta las 12 de la noche”. Sabía de sobra que el éxito nunca es eterno…

Salamanca, 12.Julio 2017.