La terapia manual en vías de extinción.

 de MAROGAR .  artículo leído 267 veces

“Sin dolor, ¿cómo conoceríamos el placer?” (John Green, “Bajo la misma estrella”, 2012).

            Actualmente juego al fútbol escribiéndolo. Antes, entrené doce años a jugadores infantiles, juveniles y tercera división. Si ahora tuviera que confeccionar un equipo técnico de trabajo solo elegiría a colaboradores cuyo temperamento transmitiera positividad y, sobre todo, gente que fuera capaz de llevarme la contraria con razones y aportando nuevas ideas. Muy por encima de otras cualidades, es uno de los grandes problemas que tienen los líderes cuando se rodean de “pelotas” y “alcahuetes”. Sin duda, un equipo de trabajo debe albergar mentalidades diversas pero entusiastas, especializadas pero confiadas, que transmitan confianza: “La fortaleza del equipo es cada miembro individual. La fortaleza de cada miembro es el equipo”, decía Phil Jackson. En un equipo de fútbol filial, como fue mi caso, el modelo era el de “Juan Palomo” con un desempeño de “hombre-orquesta” que los entrenadores de equipos profesionales no deben permitirse. Ahora, de hecho, se rodean de muchos colaboradores especialistas, llegando a 15 o más en algunos casos. Tan difícil de coordinar a veces como el propio equipo de futbolistas…

El fisioterapeuta de la Selección española, Miguel Gutiérrez, se jubiló después de 26 años de profesión. Y dijo que “La terapia manual es un arte en vía de extinción… Cuando “palpas” “notas que el hematoma crepita, ves la nodulación que ha hecho una microfisura, o un dolor que en vez de ser muscular es irradiado. Ahora los médicos se fían más de las ecografías que de las palpaciones. El láser y la electroterapia sustituyen a las manos”. (…) “No hay equipo en el mundo que pueda jugar 22 partidos seguidos. Es un esfuerzo de coordinación, habilidad, potencia, elasticidad… Tienes que tener las piernas totalmente preparadas… Todo lo que haces con las piernas debe tener una determinación en el cerebro para que puedas hacerlo sin lesionarte". Es un retrato, antiguo, de estos “magos” del masaje que algunos llaman fisioterapeutas u otros nombres más sofisticados… “El dolor es el sistema de alarma que advierte al cuerpo de que algo va mal”, dice Stleg Larsson.

Uno de mis colaboradores de antaño fue el “masajista”, miembro imprescindible en mi mínimo equipo de trabajo, un colaborador siempre alentador…  “Hijo, hijo… ¿qué te pasa?”, y con aquella “entradilla” el jugador empezaba a mejorar instantáneamente, confiaba con fe ciega, aquel masajista irradiaba cariño, amabilidad, entrega y plena dedicación con mínima retribución. Hasta ejercía de comodín en las “pachangas” del equipo durante los entrenamientos. Aquel profesional arreglaba más que problemas musculares, sin duda lo mejor era su desempeño como “consejero espiritual”. Como dijera Miguel Gutiérrez: “En el fútbol no hay que pensar. Hay que hacer. En décimas de segundo está el éxito, el fracaso, o la lesión. No hay meditación como en el taichí”. De ahí que “mi masajista” ejerciera de “gurú” espiritual, en un ambiente muy positivo, incluso su idoneidad profesional no era su mejor virtud sino su plena lealtad, su capacidad para hacer labor de equipo en la sombra, su esfuerzo por contagiar a los demás hacia la inapreciable labor de equipo, aquella labor resultaba impagable… Ejercía de generador de confianza cohesionando al equipo en todo momento. En este aspecto, mi masajista era de los “antiguos”.

Decía Walt Disney: “Puedes diseñar y crear, y construir el lugar más maravilloso del mundo, pero se necesita gente para hacer el sueño realidad”. Aquel equipo tan joven, Salmantino 3ª División, Temporada 82/83, superó las dificultades típicas de un equipo nobel, gracias al “masaje mental” de gran calidad que pudimos instaurar.” Jugar en un equipo no te convierte en un jugador de equipo. Jugar con las reglas del equipo te convertirá en un líder”, nos recomiendan Norbert Harms y Ken Blanchard. Con el tiempo, sigo convencido de que “nunca juegan los mejores”, todos los entrenadores tienen su alineación titular en la cabeza pero pocas veces pueden cumplir con ese ideal: tarjetas, inadaptaciones, lesiones, bajas formas, etc., interrumpen esa línea ilusoria: “Cuando formas un equipo, ¿por qué intentas formar un equipo? Porque el trabajo en equipo construye confianza y la confianza construye velocidad”, testificaba Russel Honore. Mi particular masajista (Doctor Alonso Gutiérrez) cumplía con la máxima de Dante Alighieri: “Quien sabe de dolor, todo lo sabe”. Todo un ejemplo práctico para todos aquellos que siguen pensando que el fútbol se reduce a tácticas numéricas olvidándose de las personas...

Salamanca,17.enero.2017