¿Han cambiado las motivaciones en el fútbol?

 de MAROGAR .  artículo leído 165 veces

“A veces, las personas de capacidad ordinaria logran triunfar solamente porque no saben cuándo parar”. (Anónimo).

Quizás todo gire en torno a las motivaciones  primarias: ¡GANAR!. Motivo clásico. “Por mucha energía, esfuerzo o deseo que se posean, sin un motivo pronto los pensamientos se transformarán en apatía” (R.Turienzo). Solemos ser más concretos en el “qué”, mientras que es más difícil resolver el “cómo”. En el fútbol, para mantener una idea de juego, una cultura, un método, hay que tener mucha fuerza mental; más aún si durante un tiempo no se ganan partidos o competiciones. Curiosamente, estas fases “negativas” son las que hacen crecer a la individualidad y al colectivo si se aporta rigor y madurez.

Mantengo tres factores para el buen funcionamiento de un equipo centrado en el rendimiento. En realidad siempre distingo la “motivación” de la “no motivación”; por supuesto contemplo los aspectos de la “desmotivación”… Se asegura que la “motivación” la genera uno mismo, es intrínseca, y otros entienden que debe venir de fuera asociándose a la compra de voluntades con dinero. Si la “motivación” depende de la cantidad de dinero de una prima cuando se gana, siempre habrá alguien que pague más… ¿Eso es la “motivación? Porque siempre ganaría el más acaudalado, ¿no?...

Con el tiempo, todos nos hemos encontrado a entrenadores que “no motivan”, son como témpanos, no dialogan, no animan, no piden contribución salvo con “amenazas”, sus formas llegan a “desmotivar”. Vemos que Luis Enrique, Zidane o Simeone,  al menos se muestran comprensivos con los fallos o los malos resultados, en ningún caso originan “desmotivación” grupal ni individual. De hecho, sus expresiones van encaminadas a la “motivación” huyendo de los gestos y acciones de la “no motivación”. Por ejemplo, nunca entendería que la decisión de Zidane el otro día quitando a Cristiano Ronaldo del campo alguien la considerase “desmotivadora” cuando lo que pretendía era preservar la salud del jugador…

Entrenadores como Paco Jémez, criticando públicamente a sus jugadores, o haciendo “cabezas de turco” al sustituir a cualquier jugador a los 25 minutos por un fallo técnico, eso es lo contrario de “motivar” para un mejor desempeño, más bien resulta un gesto de “desmotivación” grupal, porque los jugadores aprenden: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”.  El otro día, Juande Ramos en el Málaga hizo un comentario casi subconscientemente: “Los goles no llegan porque los jugadores tienen poca calidad”… Sin duda, podía haberse callado. Igual que  Mourinho critica, permanentemente, a “todo bicho viviente” entre ellos los jugadores y, con esa actitud, va camino de la autodestrucción. Su maestro Van Gaal ya perdió toda la credibilidad por esa manía holandesa de criticar de frente con poca mano izquierda. Lo mismo que Pep Guardiola se equivocó hace unos días por sacar del vestuario y airear sus discrepancias con Yaya Touré, un gesto que le resta autoridad… por más partidos que gane y tácticas invente.

El entorno actual de los futbolistas requieren un sistema de autoridad humanizado, los jefes coercitivos son cada vez menos aceptados. Las propias rotaciones en las alineaciones cubren tanto la brecha físico-técnica que ocurriría entre titulares y reservas como reforzar el aspecto psicológico para que todos se sientan útiles y partícipes. Por eso mismo, los entrenadores deben liderar con un estilo civilizado, deben “persuadir” con razones, crear realidades, explicar los “porqués”, proponer, dar participación, argumentar, demostrar… Se acabó aquello de “Esto es así porque lo digo yo…”. De lo contrario, si los entrenadores se obcecan en mantener el viejo estilo, serán muy vulnerables en el futuro… Rubén Turienzo nos ilustra al respecto: “La puerta del miedo, del castillo de la libertad, solo se derriba con el ariete de la motivación”.

Salamanca, 7 de octubre de 2016.