En el fútbol surgen algunas aclaraciones para lo inexplicable.

26.04.2018 00:24 de MAROGAR .  artículo leído 395 veces

            Se celebró la Final de la “Copa del Rey” en el Nuevo Metropolitano. Barcelona ganó por 5-0 al Sevilla, en un partido que se mostró muy por encima de los sevillistas. Un buen partido del equipo y, sobre todo, destacó Iniesta ahora que se va a despedir. Un futbolista jugando aún al máximo nivel pero que no tuvo claridad de su equipo en la renovación, por lo que los chinos se lo llevarán a sentar cátedra por aquellas tierras y, entre partido y partido, a venderle unos cuantos libros de vino de las bodegas especializadas del mejor Iniesta. Antes de que el Barcelona ganara esta “Competición de Copa” había opiniones de que Valverde estaba cuestionado por algunos de sus directivos, que quieren pasarle factura por el desastre de la “Champions”. Del mismo modo, el Sevilla también quería pasarle factura a Montella que, después de haber clasificado al equipo para esta Final de una manera muy acreditada, ahora no le permiten la pérdida de este partido contra el Barcelona. Hay que ser cenutrios y desenfocados si no pensaban en una de las opciones naturales como era la derrota ante el ganador de la Liga 2017/18, quizás el número de goles fueron excesivos además de que el Sevilla no mostrase hechuras de Subcampeón… Total, estos fueron algunos fundamentos de dos equipos ganadores donde las Directivas se pusieron a desconfiar de su entrenador en los momentos más críticos. El Sevilla, quizás para disimular, “se cargó” al director deportivo Oscar Arias, al parecer un mal heredero de Monchi… Por eso, me sigo “haciendo de cruces” y repito que el fútbol es inexplicable, ya son demasiadas veces.

            David Sumpter, en su libro “Fútbol y matemáticas” se hace curiosas preguntas: “¿Las matemáticas pueden conseguir realmente que los entrenadores tengan más éxito? ¿Realmente Wenger, Carlo Ancelotti o Pep Guardiola deberían aceptar consejos tácticos de un matemático?” Me agradó sobremanera esta argumentación de Sumpter: “El reto de encontrar cosas que nadie sabe es la razón de que investigue. Este reto se vuelve aún más interesante cuando trabajo con los principales expertos en un campo. ¿Puedo mostrar a los expertos cómo adoptar un enfoque nuevo en su terreno especializado? No creo que los matemáticos puedan aportar grandes teorías nuevas a la biología, la sociología, la economía o el fútbol. Lo que proporcionan es una manera de ver las cosas con más claridad… Al adoptar un punto de vista matemático pudimos revelar la geometría detrás del Barcelona, pudimos ver cómo los defensas del Bayern reducen el espacio y pudimos caracterizar las diferencias entre Andrea Pirlo y Bastian Schweinsteiger… Nos aportan un camino para profundizar… para que se pueda comprender el mensaje que intento transmitir, debe ser directo y claro. El trabajo del matemático es tomar un montón de datos complejos y reducirlos a una idea sencilla pero poderosa. En fútbol, el mensaje tiene que ser aún más directo. En el vestuario durante el descanso, con el equipo perdiendo por dos goles e incapaz de conseguir el control del balón, el entrenador debe formular rápidamente un plan…” Muchos aficionados, muchos periodistas, mucha gente del fútbol, no pueden impedir su pensamiento de que el entrenador les echará una “gran bronca” a los jugadores en casetas al descanso del partido. Un tanto por ciento muy elevado de gente piensa que los problemas se resuelven motivando (mejor “amenazando”) a los jugadores con voces desmesuradas, como si ello fuera la fórmula exclusiva para el resurgir de cualquier equipo. Los que recibimos una determinada educación deportiva, el descanso de quince minutos lo aprovechaba para, durante cinco minutos, serenar el ánimo, conseguir tranquilizar a los hombres y manteniendo un silencio regenerador; otros cinco minutos los dedicaba para ajustar necesidades operativas, golpes ligeros, ajuste de vestuario, cambios de botas, etc., y, en dos minutos antes de salir de nuevo al terreno, repasar la táctica, ajustarla, mejorarla, comentar los marcajes principales, o incorporar un cambio de actitud razonada ante un resultado negativo. Y nada más…

            Ahora “France Fottball” anuncia su lamento que proviene del 2010,  después de conceder el “Balón de Oro”, asunto que manejan desde 1956. Y han publicado un sorprendente ejercicio de contrición, en un editorial titulado “Perdón, Andrés”: “Entre las grandes ausencias en el palmarés, la suya nos resulta dolorosa”. Anunciando que todavía tiene tiempo de corregir “una anomalía democrática” por cuanto el Mundial de Rusia está todavía por jugar. A su vez, el presidente de UEFA, Aleksander Ceferín, declaró a Marca despejando algunas dudas que se le plantearon: “El fútbol debe volver a la calle, los niños no pueden pasar el día con la Tablet”…“Habrá nuevos Cristianos y nuevos Messis… siempre aparecen jugadores”. “Amo el fútbol y quiero un fútbol que todo el mundo lo entienda. El VAR todavía no es dominado por los árbitros, los jugadores, los aficionados no lo entienden… hay situaciones que están siendo cómicas como la de pitar un penalti en el descanso y con los jugadores en el vestuario. Hacerles volver. Fue cómico… Hay que prepararse y cuando estemos preparados, se usará.” “Estamos discutiendo un nuevo “Fair Play Financiero”… límite en las plantillas en cuanto a jugadores. Igual en todas las Ligas… Los clubes deben entender que las normas son para todos igual… No puede ser que un club tenga bajo su control 186 jugadores, tal y como existe. No es lógico, con contratos de 6 ó 7 años y algunos de ellos con 38 años. Manipulan la competición… El problema es tener un balance equilibrado, para los pequeños y los grandes”. “Lo primero podría ser limitar el número de jugadores por club y prohibir las cesiones e introducir una forma de tasa de lujo, pagando una multa si gastas más de lo que puedes, que iría a parar a los otros clubes”. “Me encanta que el futbol mueva dinero, pero el problema es la distribución de ese dinero. Te puedes gastar 200 millones, pero ese dinero no debe salir del fútbol… El fútbol es algo más que los cinco grandes, el fútbol es jugar en la calle, de los niños. Las normas son las normas y son iguales para todos. Para mí, el principal mandato es preservar el fútbol y que este pertenezca al aficionado”.

            David Sumpter cita estudios de Thomas Grund con algunas conclusiones interesantes, clarificadoras: “Analizó la estructura de red de los equipos de la Premier League durante las temporadas 2006/07 y 2007/08, reuniendo un total de 76 observaciones de red procedentes de partidos para cada uno de los equipos… agrupaban 283.259 pases realizados durante dos temporadas… Sumó todos los pases que cada jugador había recibido y hecho, y comparó estos totales con el número de pases realizados por el jugador que participó en el mayor número de pases. Etcétera. Descubrió que los equipos que pasaban más cuando estaban en posesión del balón marcaban más goles”. Al parecer, Thomas llegó a focalizar sus análisis en la centralidad: “Los equipos que centralizaban sus pases en solo un par de jugadores marcaban menos goles que los equipos que se pasaban el balón de una manera más equilibrada entre todos los miembros del equipo… la descentralización otorga al equipo un 8% de ventaja en la tasa de marca de goles”. Por tanto, resulta llamativo que las matemáticas, en estos casos, sirvan para confirmar o desmontar principios generalmente aceptados por las últimas tendencias futbolísticas. 

            El 24 de abril, primera semifinal de “Champions League”, jugaron Liverpool y Roma. Éstos dominaron el juego casi en la media hora inicial pero no consiguieron abrir el marcador a su favor. Ahí entró la máquina de contraatacar del Liverpool, ataques masivos con el sello de su entrenador Jurgen Kloop, pero también con la eficiencia de jugadores como Firmino, Salah, Mané, etc., una réplica este Liverpool de aquel Borussia de Dormund que tanta velocidad y agresividad imprimía a su juego torbellino. Un momento apabullante cuando Liverpool consiguió su quinto gol. Curiosamente, en diez minutos, la Roma marcó dos goles que evitó, de momento, la sentencia definitiva de esta eliminatoria. Ahora a esperar una hombrada como la que la Roma aplicó contra el Barcelona. Es una muestra más del fútbol que, en muy pocos minutos, cambian los signos “evidentes” sin una razón explicativa. Al día siguiente, el Real Madrid jugó en Münich contra el Bayern, equipo dirigido por Heynckes quien consiguió la “séptima” precisamente con el Real Madrid. Un caballero de los banquillos. En esta ocasión el R. Madrid no jugó mejor que el Bayern Münich pero ganó 2-1. “La estadística es incapaz de explicar la victoria” (Rafa Molina, Marca.com, 25.04.2018). “Los de Heynckes remataron más (17-7) y más a puerta (5-4) que el Madrid, pero su puntería fue deficiente. Los blancos marcaron el 50% de sus disparos entre los tres palos y ahí radicó la victoria final del equipo de Zidane. La posesión fue cosa bávara (55,6%) en el primer tiempo y (64,9%) tras la reanudación, dejando al Madrid con el segundo peor dato de posesión de la temporada, sólo por detrás del Clásico, un 39,7% del total. El Bayern pasó más (585-392) y mejor, con un 85,8% de acierto frente al 80,9% del Real Madrid. Y centró más, 29 a 7, un dato engordado por los córners que lanzó el equipo alemán, hasta 10 en todo el encuentro… Una victoria “inexplicable” para los fans de los números… “

            Salamanca, 26 de abril de 2018.