¿El fútbol es un deporte sin balón? 1 de 2.

31.01.2020 22:55 de MAROGAR .   Ver lecturas

“Sobre las dietas de moda cabe afirmar que tienen cosas buenas y cosas originales, pero las buenas no son originales y las originales no son buenas”. (Abel Mariné, catedrático emérito de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona).

            Mira que llevamos escrito al respecto del fútbol, tanto con balón como sin él, y de pronto surgen nuevos enfoques que discutir. Aunque muchísimas personas siguen ancladas en la obviedad, o en los dogmas, o en las verdades absolutas como si la imagen del fútbol fuera como una foto fija indiscutible. Tampoco quisiera pasarme a la otra acera y convertir los razonamientos en algo inútil por su exceso de versatilidad, pongamos por caso el caso de que la pelota en un partido de fútbol estará en poder de un futbolista durante 3 minutos, de media, por lo que serían 87 minutos el tiempo que los demás jugadores no la tocarán. Es un dato que muchos tratarán de rebatir, pero está suficientemente contrastado. Por tanto, son 21 jugadores, mínimo, los que dejan de tener el balón a lo largo del partido justo ese tiempo señalado, mientras que tan solo uno prevalece, aleatoriamente, como para manejar el cuero a satisfacción individual y del equipo.  Y no procede debatir sobre los futbolistas que juegan menos tiempo, o la manera de contabilizar las acciones del portero. Si el que lleva el balón no tuviera compañeros moviéndose a los espacios, el fútbol no fluiría con facilidad, por tanto, el juego se compondrá de posesión más no posesión mientras que los huérfanos de balón en esos momentos específicos buscan lugares en los que se constituyen como una amenaza para los contrarios o perseguidores del móvil hasta localizarlo y robarlo si es posible. Por tanto, las verdades absolutas de que el fútbol solo existen con balón son verdades muy relativas…

            Muchos entrenadores de equipos infantiles trabajan los valores de sus jugadores, bien es cierto que la mayoría del tiempo los preparan técnica y tácticamente. Saben que hay valores superiores, distintos, que les ayudarán a rendir más en el terreno de juego que la propia técnica instrumental con la pelota. Saben los técnicos que un niño que ha aprendido el valor del esfuerzo durante los entrenamientos estará más preparado para dar el cien por cien cuando el partido lo exija. Pero, al fin y al cabo, un partido de fútbol es sólo un partido de fútbol y la pelota lleva la atención de cada cual como si de un sonajero se tratase. Los entrenadores son conscientes de que, al fomentar los valores de los más pequeños en el terreno de juego, los preparan para algo mucho más importante que marcar o evitar un gol. De hecho, el juego de equipo es una preparación para la vida misma: “Los niños están en un periodo de formación clave en el que absorben todo lo que pasa a su alrededor”, señala Pablo Jodra, director de la Unidad de Psicología Aplicada al Deporte de la Universidad Autónoma de Madrid. “Interiorizan lo que les enseñan figuras de referencia como sus padres y sus entrenadores. La clave para enseñar valores es que los padres y los entrenadores prediquen con el ejemplo”. 

            Sin duda, es fundamental que el entrenador sea disciplinado si quiere transmitir el valor de la disciplina o que respete al árbitro si quiere que sus pupilos hagan lo mismo. Y que los padres defiendan los mismos principios, cuestión harto difícil en los momentos actuales por un exceso de competitividad mal entendida que degenera en exigencias desmedidas. Porque, en ocasiones, los padres que acuden a ver los partidos de sus hijos no suelen ser un buen ejemplo porque “Insultan al árbitro o ridiculizan a los rivales. Estas cosas pasan – comenta Pablo Jodra -. Y es una lástima. Por mucho que el entrenador se esfuerce en comunicar valores como el respeto al contrario, si los padres no hacen lo mismo, de poco servirá”. El fútbol ayuda a que los niños interioricen los valores adecuados gracias al ejemplo que perciben en las personas que son importantes para ellos. Y a la constancia de ponerlos en práctica una y otra vez. Porque hay que muscular los valores del mismo modo que las piernas. “Con un trabajo diario”, apunta Pedro Marcet, director pedagógico de la “Fundación Marcet”, una escuela de fútbol que es mucho más que un centro en el que los niños mejoran su golpeo de balón o su capacidad para sortear rivales. “Tenemos un programa para trabajar un valor cada mes. Los niños ven películas o leen noticias que les permiten crear un debate con el entrenador sobre estos temas. Por ejemplo, en el caso de la honestidad pueden debatir sobre un jugador famoso que ha recibido una tarjeta amarilla por simular un penalti”.

             Una de las ventajas de entrenar los valores es que mejora el rendimiento deportivo de los niños. “Si les ayudas a enfrentarse a las frustraciones, al hecho de perder un partido o de que el árbitro puede cometer un error, están más centrados en el terreno de juego y sacan lo mejor de ellos mismos”, afirma David Fernández, entrenador en las categorías inferiores del RCD Espanyol. “Porque tú no puedes controlar si vas a ganar o perder. Pero sí que puedes tener muy interiorizado el valor de asumir responsabilidades. Así que, cuando el equipo vaya perdiendo, habrá niños que darán un paso adelante para intentar remontar el partido. Estarán entrenados para ello”. Y, más importante, los valores que se aprenden jugando a fútbol tienen una repercusión positiva en la vida de los niños. “Siempre y cuando – insiste Jaume Cruz, catedrático de psicología del deporte de la Universitat Autónoma de Barcelona -, los padres y otras figuras de referencia estén en sintonía con los valores de los entrenadores. Porque se aprende con el ejemplo y practicándolos con regularidad en todos los ámbitos de la vida”.

             Y me afilio a la idea de que “El fútbol es un deporte de equipo, pero si echas un balón a un grupo de niños pequeños, verás que van a la suya”, apunta Jaume Cruz. Algo normal y sano si tienen 5 ó 6 años. Han de pasar (no instalarse) por una etapa egocéntrica. Como señala Pablo Jodra, “en un equipo debes aprender a colocarte en función de los demás. El niño se da cuenta de que, si un compañero pierde la posición, él debe cubrirle. Y aprende a confiar en que su compañero hará lo mismo por él. Es el valor de la disciplina y del trabajo en equipo. Otra gran lección para la vida cuando tengan que hacer trabajos en grupo en la escuela, por ejemplo”. En la “Fundación Marcet” trabajan estos dos valores. “Nos parece básico que los niños lleven el uniforme limpio y la camiseta por dentro o que sean ordenados en el vestuario”, explica Pedro Marcet, que recuerda a unos padres muy agradecidos “porque su hijo era un desastre en casa, con el orden y su higiene personal, y mejoró mucho cuando estuvo con nosotros”.

              “El fútbol no es ir a la ópera. Pero una cosa es gritar para animar a tu equipo y otras es insultar al árbitro o reírte del contrario”, señala Jaume Cruz. “Uno de los valores que mejor se pueden trabajar es el respeto – considera Pablo Jodra -. Por ejemplo, enseñando a los niños a que cuiden su lenguaje y se dirijan al contrario y al árbitro con educación”. Hay que aceptar que la vida depara muchas decepciones, grandes o pequeñas. Igual que un partido de fútbol, en el que se puede perder ya que, como dicen los sabios de este deporte, el rival también juega. “Los padres no dejan que sus hijos hagan siempre lo que les viene en gana. Tienen que ponerles límites”, comenta Pablo Jodra. “El fútbol te enseña a perder, porque antes o después pierdes. Y, además, te obliga a seguir un reglamento. Tienes unos límites”. En un equipo siempre hay algún jugador que, o por su capacidad técnica o por el respeto que transmite, es el líder del vestuario. “Ser capaz de asumir responsabilidades es una actitud fantástica para la vida. Cuando un niño es elegido capitán de su equipo, asume responsabilidades – comenta Pedro Marcet -. Para reforzar este valor, decimos a sus padres que quizás le pueden dar más responsabilidades en casa”.

             Concretando, el fútbol y el balón son elementos que sirven para disciplinar y formar a nuestros hijos… Pongamos un ejemplo reciente, debutó Quique Setién con el Barcelona y, después de un partido con 1002 pases, su equipo ganó por un gol a cero. De los tres minutos estadísticos que le correspondían a Messi, éste marcó su gol salvador. Cumplió las expectativas. Los otros 21 jugadores (Uno del Granada fue expulsado) no hicieron uso de este potencial. ¿Y para eso se necesitan tantos pases? Bueno, en realidad el Granada manejó convenientemente el juego sin balón incluso compartiendo el correspondiente al jugador expulsado. En su juego con la pelota no consiguió goles y sin el balón fueron bastante efectivos hasta que perdieron el partido. ¿Dicho modelo estructural es trasladable a los equipos menores? Es materialmente imposible que dos equipos de niños puedan combinar con tanta diferencia de toques al balón entre ellos mismos, por otra parte, también es complejo encontrar a una figura individual del talante de Messi respecto a la resolución del partido. Quizás, para mí, la mejor enseñanza que un niño pueda sacar de un partido desequilibrado es que intenten superarse a sí mismos, saber interrelacionarse con sus compañeros y, fundamentalmente, encontrar colaboraciones entre ellos para que las cualidades de unos y otros se complementen. Por supuesto, huyendo de algo muy dañino en los equipos (profesionales y amateurs) como es el caso de una incorrecta selección de “buenos” y “malos” en lo que se refiere al manejo de la pelota. Demostrada queda la importancia de todos los jugadores, en sus misiones bien con balón o sin él.

            Salamanca, 1 de febrero. 2020.