¿Complejidad, o sencillez, del fútbol?

 de MAROGAR .  artículo leído 145 veces

“Jugar al fútbol es muy simple, pero jugar un fútbol simple es la cosa más difícil que existe”. (Cruyff).

El fútbol era sencillo cuando lo jugábamos en la calle. Sin reglamento; sin medidas obligatorias; sin directivos; sin periodistas; sin árbitros; sin seguidores; sin porterías ni largueros; sin entrenadores… De hecho, los equipos se formaban “eligiendo a pasos” entre los dos capitanes, recorriendo a pasos (puntera-talón) una distancia razonable hasta pisar la puntera del pie del otro que estaba enfrente… Primero elegía jugador el capitán del equipo “A” que, paso a paso, había pisado primero; a continuación, el otro capitán del equipo “B” elegía al suyo, y así sucesivamente hasta completar los dos equipos no necesariamente de once jugadores. Todo natural, todo consensuado, todo muy simple… Y es que de niños no habíamos leído nunca a Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

Ya en mi libro “Evidencias y paradojas del fútbol”, escribí un capítulo sobre “Niños y “simplejidad” del fútbol, allá por enero de 2011. Hacía constar que “Los estudios más avanzados en campos como la economía, la genética, el análisis de mercados financieros o el desarrollo infantil han hallado una nueva y asombrosa teoría: La “Simplejidad”. Término que fusiona “simplicidad” y “complejidad”. Indaga el por qué las cosas simples se pueden volver complicadas y las complejas pueden resultar sencillas. La “Simplejidad” parte de ideas elementales, a veces una frase puede ser más rica que un libro entero. ¿Por qué los malos equipos de fútbol ganan (a veces) y los buenos equipos pierden (a veces)?”

Pau Marti (w.MartiPerarnau, 17.02.2012) escribió: “El fútbol, en su calidad de deporte colectivo, es complejidad al 100%”. Evidentemente, la evolución de un juego ancestral a una actividad empresarial, necesitó del establecimiento de unas pautas, de un marco de actuación, de unas Reglas que obligasen a todos y cada uno ante unas acciones concretas arbitradas por un juez imparcial. A pesar de todo, las discusiones acerca de la aplicación del Reglamento siguen mostrándose irreconciliables. En el fútbol actual apenas se muestra “fair play” como cuando jugábamos de niños, sin duda este deporte perdió su inocencia por el camino…

El día 22 de octubre jugaban el Real Madrid y el Eíbar. En este equipo jugó Takashi Inui, actuando como delantero. Se movió con mucha libertad y gran peligro, en una determinada jugada pareció que Casemiro había tocado al japonés y el árbitro no pitó penalti. En general, todos los medios aseguraban que el penalti era seguro, incluso en la televisión con repeticiones por doquier. Lo fantástico ocurrió al final del partido, el futbolista japonés Inui reconoció que no había existido falta y el propio entrenador Mendilíbar así lo manifestó abiertamente. O sea, futbolista bueno, honrado, que no sabe mentir. Del mismo modo, un entrenador que no quiso mostrar ninguna excusa, un auténtico deportista ¿Problemas de culturas? ¡Problemas de educación!, digo yo. Incluso, en el fútbol de niños, es posible que todos hubieran aceptado la falta de Casemiro… Pau Marti escribió en su día: “Siguiendo las teorías de la Complejidad y los Sistemas Dinámicos, el fútbol (y el futbolista) es un sistema complejo donde todas las partes forman parte del todo y el todo es condicionado y condiciona todas las partes”.

Cuando iniciaba mi actividad de entrenador, tenía diseñadas múltiples jugadas de estrategia a balón parado, sobre el papel dibujábamos cruces, flechas, y movimientos de engaño con participación de muchos jugadores. Todos los entrenadores nobeles quieren presumir de ingenio, diseñan distintos esquemas y ponen “mote” a cada jugada para que los suyos las identifiquen… El problema práctico era que poníamos a demasiados jugadores en cada libre indirecto y en el momento crucial alguno de los futbolistas “metía la pata” en algún movimiento, lo que daba al traste con la planificación. Poco a poco limité los hombres a intervenir, todo se fue simplificando para un mejor entendimiento general. Hasta que llegué a la conclusión práctica de que, teniendo un buen especialista, era suficiente; como mucho incorporaba a un segundo hombre para intentar algún engaño a los contrarios y una “barrera ofensiva” para dificultar la visión del portero contrario, siempre a continuación de la barrera defensiva y un metro por delante de ellos para no tener que forcejear por la ubicación. Pasé de lo complejo a lo sencillo y, a la larga, acabamos metiendo más goles con menos confusiones entre todos.  El propio Menotti llegó a decir que no entrenaba la estrategia porque perdía en ello demasiado tiempo, muy necesario para entrenar la táctica del equipo por otra parte. 

Me gusta lo que firma Pau Martí: “Si hubiéramos observado tanto como corregido nos habríamos dado cuenta antes de que sí, el fútbol es complejo, y mucho más fácil de lo que nos pensamos. Porque el fútbol complejo es el fútbol de los futbolistas, y sí, el futbolista necesita al entrenador (y mucho), pero no para decirle qué y cómo debe actuar, sino para ayudarle a buscar respuestas óptimas ante las múltiples situaciones y cambios constantes con los que se va a encontrar en el partido”. En (w.liderendeportes.com) me encontré con un nuevo matiz: “La definición de complejidad puede ser aquella que dice que es “la cualidad de lo que está compuesto de diversos elementos. En términos generales, tiende a ser utilizada para caracterizar algo con muchas partes que forman un conjunto intrincado y difícil de comprender…”

Incluso hemos incorporado mucha más complejidad al fútbol cuando ciertos clubs, ciertos jugadores, ciertos directivos, se olvidan del juego deportivo y competido, mezclan otros asuntos que intoxican los aspectos estrictamente deportivos. Esa lamentable mixtura es la que enturbia actuaciones como la de Piqué; o la del propio Guardiola; o la del Barça que sigue considerándose “más que un club”, mientras que los demás equipos no hacen “lobby” político con su indiscutible potencialidad social… Yo los prefiero a todos ellos simplemente en la esfera deportiva y solo me interesan sus expresiones futbolísticas, dentro del campo de juego o en competición. (En el espacio estrictamente deportivo, no me atraen ninguna de sus ideas sobre la religión, el sexo, la política, la filosofía, la producción con mano de obra infantil, o manifestaciones de cualquier otra naturaleza ajena al juego). Me reitero, solo me interesan sus conocimientos y sus ideas futbolísticas, es mi derecho y el de otros muchos aficionados, esa es su propia responsabilidad social y no otra. Esa sería la sencillez del juego, sin duda esa es la peculiar grandeza del fútbol simple. Por eso me acuerdo de lo que decía Richard Branson: “La complejidad es tu enemigo. Lo difícil es mantener las cosas simples”.

Salamanca, 15.noviembre.2017.