¿Cómo encontrar tiempos disponibles para entrenar? 1 de 2.

25.12.2018 21:53 de MAROGAR .  artículo leído 114 veces

“Un atleta no puede correr con el dinero en sus bolsillos. Debe trabajar con la esperanza en su corazón y los sueños en su cabeza”. (Emil Zatopek).

            Es una realidad evidente, los equipos de Primera División no tienen tanto tiempo disponible para mejorar aspectos fundamentales de los jugadores y de sus equipos, ya que las distintas competiciones nacionales e internacionales condicionan esa puesta en acción en entrenamientos del máximo nivel. En la práctica, los jugadores y los equipos deben aprender partido a partido, las correcciones del entrenador deben realizarse en las bandas durante el partido o en casetas, los vídeos ilustrativos son casi imprescindibles llevarlos en ficheros electrónicos, etc. Eso en lo que se refiere a comportamientos tácticos individuales y colectivos, pero asuntos que deben practicarse con asiduidad apenas se dispone de tiempo para mejorar, como mucho un mantenimiento higiénico como si fuera una confesión con un cura de pueblo. Por eso es tan difícil cumplir con aquello de “El entrenamiento es la repetición hasta la automatización, hay que repetir hasta automatizar” de Ondino Viera. Imposible cumplir con aquello de que “la práctica hace al maestro”. Y la cuestión no es ejercitarse horas y horas en los distintos partidos jugados, porque lo fundamental es poner una gran dedicación, aunque en trabajos bien realizados por cuanto si no mejoraríamos solo lo mal concebido. 

             He tomado de @martiperarnau algunos apuntes convincentes, vemos que hay unas prácticas y unos impedimentos casi insalvables en la actualidad como para progresar en la necesidad de entrenamientos bien orientados, se detecta una dificultad estructural para que los entrenadores puedan dirigir buenos entrenamientos que hagan progresar el fútbol de los suyos: “Von Karajan se sabía de memoria no menos de sesenta grandes obras (conciertos y óperas), por lo que no habría necesitado ensayar ninguna de ellas y, sin embargo, se negó siempre a interpretar cualquier pieza si antes no había podido realizar ensayos exhaustivos con la orquesta. Incluso cuando ya sumaba veinte años seguidos dirigiendo la Filarmónica de Berlín y los músicos se relacionaban con él como los dedos con la mano, Karajan jamás renunció a ensayar sin desmayo cualquier pieza, por conocida que fuera para sus músicos”. Sin duda, una buena metáfora. Al parecer, Karajan siempre exigía un ensayo más: “Hay piezas que hemos tocado juntos doscientas o trescientas veces, y todavía seguimos experimentando y descubriendo cosas nuevas. Debemos esforzarnos tanto como siempre, si no más”. 

             Si nos referimos a un partido de fútbol, vemos que éste no tiene ninguna partitura escrita de antemano, mientras que un concierto musical dispone de un documento maestro al que todos se someten sea cual sea el instrumento a utilizar. Por tanto, el fútbol puede resultar más complejo de ejecutar que un concierto por más sencillo que éste fuese. Hasta se llega a exagerar que el director de orquesta puede llegar a dirigir con los ojos cerrados, cuestión imposible en el fútbol donde la vista, la visión y la percepción de posiciones propias y contrarias es fundamental. El estadounidense James Levine, director musical de la Metropolitan Opera de Nueva York, dijo: “Mi orquesta tiene que poder interpretar todos los estilos con el máximo nivel de expresión y comunicación, y el único modo de conseguirlo es, como dijo Verdi, trabajar con una lima todos los días, poco a poco, hasta que aflore la calidad de la orquesta en su conjunto. Es un proceso muy sutil en el que todo está relacionado. Se trata de conseguir intérpretes con diferentes cualidades para que acaben contagiándose unos a otros”. En un partido de fútbol se pueden plantear diversas tácticas, pero siempre con el agravante de que hay dos equipos contendientes y cada cual puede variar sus estrategias en décimas de segundo si quieren superar al otro. Y esas prácticas sería necesario planificarlas con tiempo suficiente creando hábitos útiles disponibles para momentos de improvisación también.

             Así que en el fútbol esa es la cuestión fundamental. Es una evidencia la escasez de entrenamientos técnico-tácticos en los grandes equipos lo que lleva a bastantes acciones colectivas en los partidos oficiales no programadas.  Por tanto, se debe superar a futuro la peligrosa “reducción de entrenamientos” actual. ¿La solución es confeccionar calendarios menos exigentes? Sin duda, esa sería una de ellas y, además, prioritaria. Aunque bien es cierto que, con el factor ya generalmente aceptado, las rotaciones facilitan una mejor puesta a punto de más jugadores de las plantillas deportivas, al fin y al cabo, los partidos oficiales se plantean, indiscutiblemente, como la obligación de ganarlos, “¡cómo sea…!”, así lo aseguran todos en sus manifestaciones públicas. 

             Porque, además, en el fútbol está demostrado que sus profesionales necesitan un tiempo mínimo de recuperación fisiológica tasado en 72 horas. Perarnau concreta en su artículo que la selección de Hungría de los años 50 disponía de meses de preparación, todos juntos, ensayo, corrección, nuevas ideas, etcétera. Ahora, en 72 horas, la misión principal es recuperarse del último partido y predisponer la condición atlética para el próximo enfrentamiento con una exquisita graduación de cargas. Por tanto, los entrenamientos intermedios serán de muy baja intensidad hasta que el equipo recupere sus niveles de próximos rendimientos. También asegura Marti Perarnau que “ni siquiera las grandes metodologías de preparación táctica desarrolladas por dos sabios como Paco Seirul.lo y Vítor Frade pueden compensar la falta de tiempo”. Es evidente la problemática y sus soluciones son complejas, desde luego nada fáciles con la actual estructura competitiva.

Salamanca, 25. diciembre de 2018.