¿Cómo analizar tácticamente un partido de fútbol?

07.11.2019 16:07 de MAROGAR .   Ver lecturas

“Seguimos soñando junto con los hinchas, y queremos seguir soñando. No nos despierten, por favor”. (Claudio Ranieri).

            En marzo 2014, Luigi Pescarolo (Luigipescarolo70@yahoo.com) escribía su columna a este respecto. “¿Por qué se ganan o pierden los partidos? ¿Quién gana o pierde los partidos? ¿Los técnicos o los futbolistas? ¿Los sistemas ganan encuentros? Son las preguntas que constantemente nos realizamos durante un juego. Se dice que los sistemas son principalmente para defender, que eso es lo más importante; o que la táctica en el fútbol sirve para recuperar el balón. ¡Eso no es verdad! Existe táctica para defender y para atacar. Los partidos no se ganan solo recuperando la pelota, corriendo detrás de ella o solo con orden defensivo. Hay que tener claro que en el balompié lo más importante es el jugador de fútbol, su imaginación, creatividad y toma de decisiones dentro del campo, todo esto con el balón”.

            (…) “Las escuelas de entrenadores dicen que el fútbol tiene dos fases: cuando tu equipo tiene la pelota y cuando el equipo contrario tiene el esférico. La escuela holandesa de entrenadores incluye una fase más, que es cuando ninguno tiene la pelota. En esta última etapa es cuando el fútbol está lleno de imprecisiones técnicas, en la que no se pueden entregar más de cuatro pases de forma correcta. Para poder entender mejor lo que es realmente este deporte maravilloso debemos unificar conceptos, qué es sistema, táctica, estrategia y sobre todo la filosofía de juego, el funcionamiento o modelo. Hablemos del sistema, que es la distribución de los jugadores dentro del campo y cómo están colocados. Tiene que ser sencillo, equilibrado, flexible, con un centro de gravedad, ofensivo y defensivo. Debe privilegiar el conjunto sobre lo individual. Para que un equipo pueda aplicar correctamente un sistema, el equipo debe realizar de una manera efectiva las transiciones ataque-defensa y defensa-ataque”.

            (…) “No existen sistemas defensivos y ofensivos puros solo por su colocación o distribución. Depende básicamente de la característica, calidad e influencia que tiene el jugador colocado en una posición dentro del campo, al que le damos una función determinada… Existen tres tipos de sistemas, que son: Sistemas de ocupación, es decir, los que propician que la posesión del balón, y por lo tanto la iniciativa, la tenga el contrario, fomentando así la creación de espacios libres para aprovecharlos con velocidad, conociendo y explotando de manera perfecta las dimensiones del campo. Sistemas de posesión: cuyo objetivo es mantener la pelota, teniendo la iniciativa claramente con una intención ofensiva y gran experiencia táctica, manteniendo el balón no solo de manera vertical, sino también horizontal. Sistemas mixtos: los que priorizan un juego más equilibrado y menos definido, dependiendo de ciertos matices que presente un partido con uno u otro objetivo. Permiten saber identificar los momentos del juego y la lectura que le puede dar su técnico”.

            (…) “Los sistemas han ido evolucionando y principalmente con la realización de las copas del mundo. Es justamente el Mundial de fútbol donde se han marcado con más énfasis los diferentes sistemas a través de la historia. A lo largo de la historia tenemos como principales ejemplos el piramidal (2-3-5) años 20; la WM (3-4-3) desde 1925; el cerrojo con cuatro defensas, en la década del 40; el sistema (4-2-4) en la década del 50; el Catenaccio      (4-3-2) en la década del 60; el sistema (4-3-3) Brasil de 1970; el fútbol total (4-3-3) de Holanda a mediados de la década del 70; el sistema (4-4-2) en el Mundial de 1978; el sistema de compensación defensiva (3-5-2) en 1986; el sistema utilizado por Marcelo Bielsa (3-4-3). Se dice que en el fútbol el orden le gana al desorden, eso es evidente; pero como en el fútbol moderno es difícil encontrar un equipo sin orden, debemos decir que al orden solo le ganan las individualidades. De esta manera debemos ratificar la idea de que solo la calidad y creatividad del jugador es la que en un momento determinado marca un desequilibrio. Los entrenadores debemos tratar de tener todos los aspectos del juego programados y coordinados, no dejando ningún detalle sin tener una resolución inmediata. Pero el fútbol es un juego y como en todo juego hay algo de azar”.

            Esta síntesis nos vuelve a recordar aspectos de siempre y otras reflexiones que ayudan a contemplar las realidades cambiantes. En “¿La pelota no dobla?” podemos encontrar razonamientos precisos y de enfoque muy característico: “La principal ocupación de la filosofía es (según Thomas Nagel) cuestionar y aclarar algunas ideas muy comunes que todos nosotros usamos cada día sin pensar sobre ellas. Y a pesar de la poca prensa que recibe, la filosofía, como modo de reflexión, puede ser muy útil en el esfuerzo por comprender y disfrutar más plenamente la realidad en este caso futbolística”. Decía Ronaldinho “me gusta jugar con el balón y hacer las cosas bonitas”, añadiendo que “siempre quiero jugar lo más rápido y atractivo posible”. Y es en ese referido libro de “¿La pelota no dobla?” donde encontramos estas reflexiones: “El desarrollo de la técnica, la habilidad y la imaginación para perfeccionar e inventar pases, regates, asistencias, paradas o adaptarse al juego contemporáneo, constituyen los bienes internos del fútbol. Éstos producen un juego rico en el campo, que desemboca en una excelencia deportiva particular: la belleza eficaz del fútbol, beneficiosa para la comunidad balompédica”.

             (…)” Sinceramente, un juego es un problema. Pero no es un problema común y corriente. Es un problema artificial, que nosotros mismos creamos para poder experimentar nuestros intentos por resolverlo. La creación o invención de un juego requiere que identifiquemos un objetivo – algo que hacer – y que luego establezcamos una serie de medios para alcanzarlo… Si el juego es muy complicado y nos pone ansiosos, la respuesta típica es la reducción de la dificultad de los medios permitidos para lograr el objetivo, el cambio del objetivo o ambas cosas. A la inversa, si el juego es aburrido porque es muy fácil, manipulamos los medios y objetivos para incrementar el nivel de dificultad”.

             Son visiones del fenómeno futbolístico, más elevadas que las tradicionales de una grada de animación a su equipo de fútbol. Ni mejores ni peores. Quizás más racionales, más documentadas, más proyectadas sobre el futuro. En todo caso, es el desarrollo de enfoques para la mejora del fútbol, con anexos documentales de varios pensadores que escriben sus innovadoras conclusiones. Sin embargo, si queremos las opiniones más drásticas, acudimos a “twitter” donde se están impregnando algunas opiniones venenosas casi siempre comparando jugadores del mismo equipo, contra entrenadores del máximo nivel por el hecho de que no ganen todos los partidos, o alternen alineaciones que no son del gusto de todos, o se produzcan rotaciones impensadas por el vulgo de aficionados… Todos los días, la sociedad, al levantarse por la mañana planifica sus tácticas personales y, todas las cosas, todos los sucesos, ocurren a pedir de boca de cada uno de los ciudadanos y, claro, luego cuando acuden al estadio de fútbol se deprimen porque los partidos de fútbol no suceden siempre como ellos quisieran. Pero es que, si van 60.000 espectadores al campo de juego, deberían desarrollarse 60.000 tácticas distintas (Una por espectador) a la del entrenador responsable, al fin y al cabo, el que más posibilidades de acierto dispone, pero no se le reconocen por una tozudez colectiva digna de mejor empeño…

             Salamanca, 7. noviembre. 2019