Brujulear en el fútbol

19.10.2019 09:00 de MAROGAR .   Ver lecturas

“A veces hay que perder el norte para descubrir que se puede ir en otras muchas direcciones. Entendí que para encontrar el norte a veces hay que ir hacia el sur”. (Anónimo).

            “Ir de un sitio a otro, cambiando de dirección para intentar acertar sin tener una orientación o meta segura”, sería la mejor definición para practicar fútbol. Equivalente a maniobrar, gambetear, regatear, “mostrar que voy y resuelvo que vengo” como dijera Menotti, etcétera. Otro significado que podríamos adoptar sería “Hacer gestiones con habilidad para conseguir algo o para situarse bien”.  Pero brujulear en el fútbol es una actividad tanto con balón como sin él, no me interesan otro tipo de brujuleos fuera del terreno de juego, ni en casetas, ni conciliábulos con la prensa, ni siquiera politiqueos fuera del deporte o "pillerías" a lo Lazarillo del Tormes... 

             En w.mundofutbolbase.es, (fuente “centrojas.com” Nicolás Varela) me ilustré sobre aspectos del juego, y de su brujuleo en torno al balón: “Voy a dividir a los equipos en dos grandes campos: equipos que juegan con la pelota y equipos que juegan sin la pelota. Mi crítica aquí va a estar dirigida obviamente a los que juegan sin la pelota, a las diversas variantes que puede haber de juego sin la pelota y voy a tratar de representar a las diversas variantes de equipo que basan su juego con respecto a la pelota… Para ganar hay que hacer goles y para hacer goles hay que tener la pelota… Un equipo que tiene la pelota siempre es superior a uno que no… Cuantas más jugadas de gol construyas, más posibilidades vas a tener de hacer goles, muchas más que un equipo que va a tener que hacer un gol en un par de jugadas desconectadas del juego… Mil veces pasó y mil veces va a seguir pasando que un equipo mezquino le gana a uno ambicioso, pero eso no significa que sea mejor equipo o un equipo superior. Significa que ese día hubo una casualidad, un accidente”.

            “Entiendo que hay equipos que juegan muy bien defensivamente y que es muy difícil hacerles un gol y a partir de ahí se hacen fuertes y ganan partidos e incluso campeonatos… Se puede jugar de muchas formas al fútbol. Pero la mejor, la que para mi es la que tiene más posibilidades de llevarte a la gloria, es cualquier variante de juego que contemple manejar la pelota”. (…) “Para ganar, hay que manejar la pelota y construir el gol, gestar el gol, causarlo. Es la mejor forma de llegar a ganar. Hay una frase de Latorre que me parece que sintetiza ese sentir: “Lamento que los hayan engañado haciéndoles creer que asociarse, tocar la pelota y demás sea lirismo. Es una estafa intelectual” (…) “Si vas al ataque y te hacen un gol de contra, sigues yendo al ataque a buscar el gol. Si te defiendes y te hacen un gol, no sabes que hacer, quedas como el Atlético de Madrid en la segunda final de la Champions, no sabes que hacer con la pelota. Buscar ganar defendiendo es otra contradicción en sí misma”.  Eso también sería brujulear, pero quizás rifando el destino del partido.

            A su vez, los razonamientos siguen aflorando: “… los tildados de vagos, líricos, perdedores y demás pavadas, son en realidad los que más trabajan, porque trabajan para construir, que es mucho más difícil que trabajar para destruir. Los entrenadores que trabajan para construir el gol son los señalados como vagos, perdedores o “líricos”, vaya ironía futbolística…. Ganar o jugar bien entonces, es una falsa antinomia. Se juega bien para ganar y para eso hay que trabajar. Ganar como sea, o defender a los que ganan, también es una falsa bandera. “Hacen de una obviedad una bandera” como ha dicho mil veces Horacio Pagani. Todos queremos ganar, solo que los que defendemos la idea de hacerlo desde el dominio del balón somos calumniados. Para nosotros, hay que jugar bien para tener mas posibilidades de ganar. Ganar y jugar bien, dos conceptos que nunca debieran separarse”. Sin duda, Leonardo Da Vinci podría haber sido un entrenador de fútbol muy creativo y muy centrado en la verdad de las cosas: “Los que se enamoran de la práctica sin la teoría son como los pilotos sin timón ni brújula, que nunca podrán saber a dónde van”. De ahí mi nueva insistencia, es injusto que gente poco versada en el fútbol incluso catedráticos en la materia, repitan aquello de que “No saben a lo que juegan”. Porque, lo mínimo que debemos reconocer a los profesionales, es que entienden de fútbol lo suficiente como para competir por la victoria, lo que ocurre es que el equipo contendiente puede llegar a superarte como si todo el mundo quisiera olvidarlo; lo cual no desmerece tus cualidades en ningún sentido porque, el próximo partido, puede desarrollarse al contrario.

            Con todo ello me gustaría rematar estos argumentos con una frase muy certera de Stephen Covey: “La brújula es una excelente metáfora física de los principios porque siempre señala el norte. La clave para mantener una elevada autoridad moral es seguir continuamente unos principios de verdadero norte”. Aunque el resultado de una contienda siempre será complejo sin embargo las planificaciones de los partidos son más lógicas de lo que nos parece, no en vano los equipos están formados por personas, eso sí, que disputan la pelota para hacerla suya y manejarla en el camino al estilo que se quiere practicar para obtener la victoria.

            Me encanta el juego con balón, brújula irrenunciable del juego del fútbol. Y podría reflexionar al respecto con estos pensamientos adaptables al fútbol:

“Soy un explorador solitario que perdió la brújula y el mapa. (Enrique Bunbury).

“Es necesario mantener nuestra brújula en los ojos y no en la mano, para que las manos ejecuten, pero los ojos juzguen. (Miguel Angel Buonarroti).

“La vida es una navegación difícil sin una buena brújula. (José Luis Sampedro).

“Ni cuadrante ni brújula imaginan más distantes mareas… Y por azul altura el canto no despierta al marinero. Que su mítica sombra sólo el mar la conserva. (Hart Crane).

            Bajando a la tierra el dios Maradona, un buen día aseguró: “La cosa era correr atrás de la pelota, tenerla, jugar. A mí, jugar a la pelota me daba una paz única”. Y, personalmente, puedo confirmar que “el fútbol es una historia de amor entre un niño y un balón”, ese estado de ánimo yo también lo pasé y muchas veces lo he soñado hasta estos días. Y me suele pasar, ahora que el físico ya claudicó, que “no corro detrás de un balón, corro detrás de un sueño”. Incluso puedo alinearme con la reflexión de José Ingenieros: “Los que se quejan de la forma como rebota la pelota, son aquellos que no la saben golpear”. Incluso podemos seguir emocionándonos cuando Juan Villoro, en “Balón dividido” reflexionó: “Los balones son pateados con profana tenacidad. Sin embargo, son el símbolo de una especie que al salir de la infancia abandona los juguetes y conoce la muerte. Como tantos objetos cargados de sentido, su mensaje no deja de ser irónico. Esquivo y movedizo, nos recuerda que la eternidad es veloz”.

            Y en el caso de querer seguir soñando, Villoro nos dejó su pensamiento escrito: “Ya es imposible saber si el fútbol se hizo rápido a causa del balón o el balón se adaptó a la velocidad de los jugadores. Lo cierto es que los médicos se volvieron más importantes y la industria farmacéutica inventó píldoras energéticas y cápsulas antioxidantes”. Vamos a esperar cómo evoluciona el fútbol agotador del futuro con la práctica de los 70 u 80 partidos por temporada. Porque esa realidad es nueva y exige nuevas adaptaciones, físicas, técnicas, psicológicas, por acumulación de esfuerzos. Posiblemente haya que replantearse la vida futbolística del atleta por su acusado desgaste al que las Ligas no le están prestando atención y se mantiene una excesiva profusión de competiciones que van en contra de la salud de los jugadores, palabras mayores. Y los brujuleos directivos solo piensan en el rendimiento a corto, cuando un jugador acaba desgastándose lo sustituyen sin ninguna otra previsión, esta deshumanización no se está afrontando con profesionalidad ni con rigor futuro.

            Salamanca, 19. octubre. 2019.