Balón, pelota, esférico, móvil, bola, gordu-chinha...

22.01.2020 12:22 de MAROGAR .   Ver lecturas

“El juego está integrado a la esencia de la vida”. (Julio Cortázar).

              Balón… pelota… ¡Hay tantas versiones al respecto!: … pompa, burbuja, maciza, albondigón, elástica, saltarina, útil, globa, proyectil, gordita, nena, menina, redonda, esferoidal, globoso… Pero la que más me gustó se la leí a Eduardo Galeano en “Fútbol. A sol y sombra”. De hecho, hasta hay escritos estableciendo diferencias entre un balón y una pelota, pero esa no es la cuestión, porque la semántica no hará mejor o peor el fútbol que se juega según el móvil correspondiente, aunque fueren de las mejores marcas del mercado. Porque, en todo caso, nunca olvidaré mi primera pelota consistente en un revoltijo de calcetines viejos, preludio de aquella otra pelota “picuda” de mi amigo Chuchi, en Tejares, una amalgama de caucho de la fábrica de tapones para penicilina... 

              Angel Cappa escribió “El hombre que amaba la pelota”, en “Nerviodigital.com”, y se refería a Riquelme, un futbolista controvertido con amplios seguimientos, para bien o para mal. “Era la pausa pensante, que es lo más importante para que el juego sea veloz y sobre todo eficaz… La pausa que aclara la jugada, que permite mirar para ver, cuando la mayoría de los jugadores no miran el juego y por eso no ven nada más que lo inmediato… En cambio, Román tenía siempre dos jugadas: una titular y otra suplente. Elegía bien y por eso era talentoso… Él mismo suele decir que lo fundamental en el fútbol son el pase y el control. La pelota tiene que viajar fuerte para no permitir que el rival se arme. Saber controlarla para dejarla donde uno quiere, también resulta imprescindible. Román vivía y vive enamorado de la pelota. Una vez lo dijo. Antes de cada tiro libre, le daba un beso, como anticipo de la caricia siguiente. Es de esos tipos que cuando tiene que defender sus convicciones no anda calculando las consecuencias. Un día un prestigioso entrenador de la selección argentina, no lo veía contento y le preguntó: “¿qué te pasa Román? No te veo muy contento. ¿Te puedo ayudar?”. - "Sabe qué pasa", le respondió Román, "que en este equipo nosotros correemos mas que la pelota y así no puede ser. La que tiene que correr es la pelota, no tanto nosotros".

              En el “blog martiperarnau”, marzo 2017, Alejandro Abilleira reflexionaba sobre aspectos del fútbol muy poco tratados y entendidos. Y sus reflexiones las introduce con una máxima misteriosa: “¿Y si el desarrollo, esa estrella hacia la cual hemos querido caminar… era solo una estrella muerta?” Me hubiera gustado encontrar estas ideas en mi anterior libro: “Seguramente, quien recibiendo complejidad sea capaz de dar sencillez, quien entienda que el juego vive en ese momento relacionado con uno previo y otro posterior y que ese instante es inalcanzable desde un entendimiento simplista. Y aquí me detengo en dos términos: sencillez y simplismo. Lo sencillo requiere de un profundo conocimiento, necesita de un ser que sabe, precisa de una intelectualidad, también futbolística; el simplismo está hecho de madera de atajos”. (…) “En el fútbol cada momento es una invención, una perturbación de un sistema complejo que adoptará una “organización” irrepetible, es un momento en movimiento. Por tanto, quien sabe del juego se siente cómodo en la manifestación de las emergencias, en ese nivel superior resultado de las interacciones donde nadie decide, pero del que un nuevo momento para el saber jugar llega”. Y esta conclusión nos transporta: “No hay vientos que no soplen ni río que no fluya”, (Norbert Elías). Del mismo modo, “Juan Manuel Lillo en los instantes previos a un encuentro a sus jugadores: “Recortad la distancia con la perfección”… un guión de la acción con obligatoria moldeabilidad y apertura sistémica… que la inventiva del jugador es la táctica, que subyace una equivalencia envuelta en sencillez: el jugador es el epicentro del hecho futbolístico, es él quien sabe jugar”.

              (…) “El juego es presente, por tanto, no se puede leer, vivimos con una errónea representción de lo que es la acción organizada. Citando a Crozier y Friedberg “sobrevaloramos demasiado la racionalidad del funcionamiento de las organizaciones… Sin embargo la persona, el jugador, siempre va a conservar un “mínimum” de libertad y no va a dejar de hacer uso de ella para “combatir el sistema” que se le presenta. El jugador está siempre construyendo una red de interacciones colectiva – la “organización” – que es su obra, manejando su libertad para perturbar el sistema atrayendo la probabilidad tanto de beneficio hacía sí (individualidad) como al mismo tiempo se ve constreñido por esa fuente de condicionantes contextuales que procurará cambiar a favor de la creación de un escenario favorable – o mejor, indispensable – para la acción estratégica conjunta (colectividad)”. (…) “El juego une la libertad con la restricción, y es en ese espacio en el que se produce el saber jugar, el saber crear zonas de incertidumbre que los jugadores pueden controlar y utilizar a su favor por manejo comprendido. Cuanta más sea la zona de incertidumbre, más poder poseerán los jugadores…. Quien sabe de fútbol, quien descubre a partir del jugador y sus interacciones, de un modo contingente, la naturaleza y las reglas de las sinergias que estructuran las relaciones entre los jugadores y que, por ende, condicionará la estrategia, se remontará después a los modos de regulación mediante los cuales se articulan estas interacciones y se mantienen en operación (flujo) en un sistema de acción”. (…) “Estrategia y táctica son en relación o no son, como el jugador. El fútbol-juego pasa irremediablemente por una preparación para la convivencia de lo que se pretende con lo que se auto-organiza, de la estrategia y la táctica también como un todo inseparable, ambas causantes y causadas por la otra. ¿Y si el futuro ya fue?”. 

              Resulta sorprendente que una posible mejora futura del fútbol pueda estar contenida en las palabras que un entrenador de la NBA formuló recientemente para la mejora del baloncesto Y concretaré la propuesta de Steve Kerr, del Golden State Warriors: “Hemos recompensado a los jugadores ofensivos por engañar o intentar engañar a los árbitros”. (…) “Me gustaría ver un pequeño cambio en lo que estamos intentando conseguir como liga… Tenemos que decidir, como liga, si vamos a seguir señalando faltas de las que se ríen en cualquier pachanga… Tenemos que volver al punto en el que los jugadores necesiten ganarse las faltas y para ello tengan que superar a su par. Permitir el contacto de forma natural y no fingiendo en cada contacto… Tenemos que decidirlo ya”. Su colega Gregg Popovich dejó claro su rotundo apoyo al discurso de Kerr y aprovechó para tildar al baloncesto actual como “simplista y aburrido”. A los pocos meses, el baloncestista Antetokounmpo corroboró dichas declaraciones pidiendo una mayor dureza en el juego por parte de sus protagonistas: “Es difícil porque la NBA, tal y como está montada la liga, quieren que hagas “floping”, que engañes… Parece que quieren que juegues flojo, porque a veces pienso que cuando eres fuerte y admites el contacto no te pitan la falta. Pero si finges y lanzas la bola en cuanto notas el mínimo contacto te regalan la falta”.  Sinceramente, me gustaría encontrar la misma colaboración en los entrenadores de fútbol que coinciden todos en el mismo problema, pero no lo denuncian públicamente con facilidad.

               “LaGalerna.com” nos ilustró con un artículo muy oportuno para esta ocasión: “La maquinaria propagandística azulgrana se puso en marcha desde el momento en que se confirmó el nombramiento de Quique Setién… No es algo nuevo…” Y añade cuestiones del anecdotario, como cuando Setién hizo de menos al entrenador del Leganés; o del Getafe; incluso a Simeone del Atlético de Madrid al que se atrevió a comentar como entrenador de Las Palmas: “Estás haciendo un trabajo sensacional, pero no me gusta cómo juega tu equipo”. A lo que el Cholo le contestó en rueda de prensa: “A ese equipo le ganamos 2-0 porque sus jugadores perdieron dos pelotas atrás. Se las robamos y fueron goles. Uno no entrena para sí mismo sino para el club donde trabaja. No se puede entrenar para gustarse a uno mismo”.  Esa es la cuestión, dos pelotas perdidas y dos goles. La importancia de la pelota, tenerla o perderla, esa es la cuestión. Y por más filosofías “perdonavidas” que nos cuenten, el fútbol se comporta en función de la vejiga alojada dentro del cuero.  

             El día 19 de enero jugó el Barcelona contra el Granada y algún periódico deportivo “fantasmeó” que los catalanes entraban en una “Nueva Era” después de la contratación de Quique Setién. Para mí son comentarios poco formativos por la creación de unas expectativas fuera de lugar basado en la propaganda pura y dura. Viendo el partido, me acordé de dicho artículo y lancé al aire esta conclusión de mi propia cosecha: “Me temo que los barcelonistas tendrán que recurrir a la “Vieja Era, o sea, los goles de Messi”. Y Messi marcó un gol, el de la victoria… ¡Qué pelotero! Este tipo de futbolistas son los que simplifican, los que concentran, los que definen, los que resuelven, incluso estos jugadores son los que te hacen reflexionar si el partido de fútbol necesita de 1000 pases entre los jugadores de un mismo equipo para que se considere un buen fútbol, un fútbol bien jugado, un fútbol bonito, o un fútbol reiterativo si nos olvidamos de la esencia: Los goles, al fin y al cabo.

             Salamanca, 22. Enero. 2020.