En el fútbol aparece con frecuencia la motivación negativa. Y es verdad que muchas veces funciona. Pero, a mi me lo parece, es como tratar a sus protagonistas igual que a niños pequeños, metiéndoles miedos ficticios para que actúen, para que reaccionen, para dominarlos... No en vano, todavía en muchas esferas sociales se les considera “brutos” a los futbolistas, personajes que no piensan, atletas todo físico no reconocidos por sus pensamientos, sus sentimientos o su inteligencia creadora. En el “pensamiento sistémico” surge muchas veces, también, el síndrome del enemigo externo, un subproducto de la manera de encarar los problemas enrabietándose con algo o con alguien antes de actuar correctamente. Si nos referimos al fútbol, el prototipo de “enemigo externo” siempre fue, será y seguirá siendo el árbitro sobre todo si perdemos los partidos. En estos Mundiales 2010, Inglaterra ya tiene su “enemigo externo” después del gol conseguido contra Alemania, que hubiera sido el empate a dos goles, y que el árbitro no vio como todo el estadio o millones de teleespectadores. O, también, preguntemos al entrenador Aguirre de Méjico cuando Argentina le metió el primer gol en claro fuera de juego que no sancionó. Otras muchas veces, los entrenadores se buscan ficticios “enemigos externos” para tensionar a los suyos, para llevarlos a una guerra mediática, a veces hasta el paroxismo, intentando con ello incrementar su rendimiento sacando “la rabia” por vía indirecta…

          Los dos errores citados, garrafales, en el arbitraje de este Campeonato 2010 obligará a plantearse otras soluciones técnicas para el fútbol, con soluciones ya resueltas en otros deportes. O el reglamento acabará permitiendo más ojos humanos para decidir con corrección. Como hemos dicho en repetidas ocasiones, la FIFA y la UEFA son organismos tortuga que les cuesta introducir novedades; o al menos intentar soluciones. Ellos, en estos momentos, también son “enemigos externos” para determinadas selecciones y para el público en general. Y en este “fútbol sistémico” que tanto insistimos, las novedades y mejoras evidentes deben aparecer con urgencia. A pesar de todo, en mi libro “La Ignorática y el fútbol” incorporé un capítulo dedicado a “Una nueva ética para el fútbol”. Ese talante con el que hay que plantearse el fútbol aprovechando el discurso de la “Nueva Ética” de Kart Popper: “Quizás yo esté equivocado y quizás usted tenga razón, pero desde luego ambos podemos estar equivocados”. También sería oportuno otro principio: “Es imposible evitar todos los errores. Hay que revisar la antigua idea de que se pueden evitar los errores y que, por lo tanto, existe la obligación de evitarlos; la idea en sí encierra un error”. Y los que opinan sin responsabilidades deberían comprender que “Puesto que debemos aprender de nuestros errores, asimismo debemos aprender a aceptarlos, incluso con gratitud, cuando nos los señalan los demás. La autocrítica es la mejor crítica, pero que la crítica de los demás es una necesidad. Tiene casi la misma importancia”. Popper insistía: “… la crítica tiene que ser impersonal; pero debería ser a la vez benévola”.

          Ya se han clasificado 8 equipos para la disputa de los cuartos de final. De 32 equipos, 24 de ellos ya se fueron para su casa. Ahora, de cara a la opinión pública, quizás de cara a la galería, se tomarán diversas medidas entre las que destacarán la expulsión de los seleccionadores incluso algunas conductas se llevarán incluso a los Congresos u otros órganos políticos. Y vuelta a empezar. La relación causa-efecto típica de modelos obsoletos de gestión, aparece de nuevo cuando todo no es tan evidente. Me niego, no admito mentalmente, a aceptar que un Campeonato de fútbol cada cuatro años solo saquemos la conclusión de 1 ganador y todos los demás perdedores. No puede ser que en Sudáfrica 2010 solo veamos incidencias y negatividad en 31 equipos, llevándose el campeón los parabienes, la admiración y el camino o conducta a seguir. Una reflexión sistémica es aquella que “Los cambios pequeños pueden producir resultados grandes, pero las zonas de mayor apalancamiento a menudo son las menos obvias”. En esa búsqueda, los expertos futbolísticos de cada país deben trabajar para futuros campeonatos, para la mejora de sus metodologías de funcionamiento. De momento, España se va a enfrentar a Paraguay en la próxima eliminatoria quedando un ramillete espectacular de equipos capaces: Brasil, Argentina, Ghana, Holanda, Uruguay. Como vemos, 5 equipos de 8 no jugaron el último europeo 2008, las referencias de aquel campeonato no nos sirven para todas las situaciones.

          En este punto recordar, me apetece decirlo aquí y ahora, lo que leí a Macinho sobre la selección brasileña: “O jogo bonito no garantiza títulos”. En 2006 no estuvo ni entre las cuatro primeras. Y justifica el cambio de mentalidad de Brasil así como alaba con entusiasmo la dirección de Dunga. Reitera Macinho, un buen analista por cierto del juego de su país sin apasionamientos dogmáticos: “Brasil es pura efectividad. Hay equipos que se defienden bien, pero atacan peor; otros son buenos moviendo la pelota, pero tienen errores atrás y lo pagan. Brasil se ha planteado ser buena en las dos áreas. Al final, siempre es cuestión de resultados… Brasil estaba bajo sospecha, pero hoy ya está en los octavos de final”. Como disfruté el último partido jugado por España contra Portugal. A mí me gustó desde el primer minuto hasta el final del partido. Y aquella paciencia, aquella maduración del juego, no me digan ahora que es como cuando Contador, el ciclista, gana una etapa de 250 kilómetros y saca la diferencia en los tres últimos kilómetros de cuesta, no valen para nada los anteriores 247 kilómetros. En un partido de fútbol, como en una guerra, todas las acciones bien orientadas tienen su valencia, su objetivo. ¡España, España…! El fútbol fluía a raudales, la pelota era nuestra, la manejábamos a nuestro antojo, poníamos el ritmo, dos ocasiones claras muy seguidas que el portero portugués Eduardo resolvió con calidad, el balón se teñía de rojo y los portugueses replegaban más y más… España era un equipo, desarrollaba su idea fundamental en torno al balón, la tocaban los chicos, la tocaban los grandes, el balón no era un patrimonio de unos pocos como corresponde a un equipo capaz y solidario en todos sus componentes.

          Casillas tuvo dos sustos y, supongo, la Carbonero le incentivaba detrás del marco; Puyol y Piqué eran dos colosos defensivos no exentos de calidad en la salida y circulación de balón; Ramos se prodigaba quizás en exceso al igual que Capdevilla se aplicaba añadiendo referencias posicionales a los pasadores. Hoy Xavi Hernández buscó y encontró su espacio, dependía también del marcaje contrario, sin interferencias teóricas que los muy puntillosos han encontrado anteriormente. Y actuaba como Moisés en el Mar Rojo, abriendo las aguas por donde el fútbol español debía llegar a la tierra prometida. Busquets y Xavi Alonso, un dechado de esfuerzo, de creatividad y complementando los movimientos de sus compañeros, sosteniendo los diques para que las aguas portuguesas no se cerrasen. ¡Qué maravilla de medio campo! El balón iba y venía en función de los desmarques, de los marcajes, de la distracción, aunque Portugal defendía dejando muy pocos espacios. Frente una defensa de esta naturaleza, el toque a veces se agota sino se aplican otros remedios: El tiro de distancia, la acción individual, las paredes; y todo en su justo tiempo, lo cual no es fácil. Pero hasta la teoría no se la saben todos… Imaginen un paseo por Lisboa en dirección al Castelho de San Jorge, las calles sinuosas del barrio judío de Alfama, así estaba estructurada la selección portuguesa pero el callejero se lo conocían bien nuestros hombres. Iniesta se asociaba con Xavi, con los de adelante y con los de atrás, dejaba la banda derecha para crear espacios a Ramos…

          Adelante, Torres seguía recuperándose de su lesión y haciendo pretemporada en una competición mundialista. Y pudo marcar goles, y fijaba las marcas, y penetraba; hasta que fue sustituido por Llorente al que toda la prensa calificó como la llave del partido. Y me parecería injusto, de nuevo, que estableciéramos esta relación “causa-efecto”. Porque el gol, maravilloso gol, lo hubiéramos marcado igual de haber estado Torres en el campo. Eso sí, Llorente aportó nuevos matices, lo hizo muy bien y pudo marcar dos goles de cabeza. Acierto de Vicente del Bosque, pero no es bueno que Torres se lleve la impresión de que no funcionamos precisamente por él. El gol, como tantas otras veces, Iniesta el visionario se encuentra a Xavi jugando de espaldas a la puerta y al borde del área y le da el balón. Xavi Hernández prolonga el balón con un taconazo flamenco, como si se sacudiera la falda gitana, hacia la carrera diagonal de Villa partiendo de la izquierda. El asturiano, hijo de minero, apareció como desde las entrañas de la tierra y nos elevó a todos al cielo. Gol de Villa. Fantástico. A por el segundo… Entre 13 y 15 millones de espectadores, más o menos, lo vimos. Yo lo ví así, me apetece incorporar un poco de literatura, pero en el fondo de mi alma reconozco que España jugó un gran partido de principio a fín. Y no me da la gana ponerle pegas… Para eso están otros “visionarios”...

No obstante, debemos seguir enfrentándonos a la competición. Porque todavía no hemos ganado nada…

MAROGAR (1.JULIO.2010)

Sezione: Editorial y Opinión / Data: Jue 01 julio 2010 a las 11:45
Autore: MAROGAR .
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