Había 114.580 espectadores en el Estadio Azteca. Cuartos de final, Mundial de México, 22 de junio de 1986. Argentina e Inglaterra se enfrentaban sólo cuatro años después de su conflicto bélico en Las Malvinas. En aquel partido se pudieron ver dos goles históricos, cada uno con un bagaje muy concreto, en momentos del partido singulares, pero teniendo ambos el mismo protagonista individual. Allí jugaba un genio aunque sin lámpara maravillosa. Buena gana ocultarlo, allí estaba compitiendo Maradona.
Sin duda, aquello era más que un partido de fútbol. Después de una primera parte sin goles, a los seis minutos apareció la sorpresa. Minuto 51, varios rebotes y un último tiro a puerta de Valdano; el balón rebota en Hodge y, por elevación, se va hacia una zona neutra, territorio de nadie. El meta Shilton trata de ocupar la zona de entrada de jugadores contrarios y se apresuró a descolgar el balón del cielo. Sin embargo, casi sin saber ni cómo ni dónde, acudió Maradona y acabó saltando al tiempo que el portero El balón salió, sorprendentemente, dirigido hacia la portería . ¡Gol, gol, gol ! Increíble.
El colegiado tunecino Ali Bennaceur concedió el tanto, nadie vio nada en concreto pero todos se extrañaban de que aquel balón hubiera sido golpeado de cabeza por Maradona cuando el portero que disputaba el mismo balón le sacaba casi 20 centímetros de altura, por lo menos. Los jugadores ingleses intentaron atropellar al árbitro y a su ayudante; pero éste asintió y aprobó el gol argentino. Confusión, repeticiones de la jugada en televisión, nadie se cree la legalidad de la jugada pero tampoco tienen otros argumentos Dimes y diretes entre unos y otros pero, definitivamente, es concedido el gol. Y el casillero argentino sumó la ventaja.
Al respecto de esta picaresca, comentaristas como Binda llegó a escribir: Picardía, según el diccionario de la Real Academia Española, abarca desde ruindad, vileza hasta chasco, burla inocente, con varias acepciones entre ambos extremos. Maradona, es posible, en aquel gol podría haber tenido alguna intención deshonesta El Diego había combinado el genio y la picardía en toda su vida deportiva pero aquella acción parecía algo más complicado de justificar
Porque, en realidad, había sido el responsable de haber metido el gol ¡Con la mano! Por aquello, la jugada quedó registrada para siempre como La mano de dios, es decir, del dios Maradona ¿Había sido instintivo aquel gesto? Los puristas de la iglesia maradoniana decían: ¡Ojalá sea así ! Mientras, Maradona estaba festejando el gol pero miraba de reojo al árbitro y al juez de línea, relajándose a partir de que el gol fue concedido.
Pero las opiniones entrechocaban, unos aceptaban la trampa con naturalidad de un lance futbolístico pero otros renegaban de él. Los argentinos hablaban de un himno al fútbol y los ingleses despotricaban con aquel monumento a la trampa como lo plasmara en algún momento alguno de los partícipes en el partido (Jorge Valdano).
El director de cine Marco Risi encontró un excelente título para su película sobre Maradona: La mano de dios. No tuvo que buscar mucho más. Porque algunos han criticado la esencia de dicho film llegando a compararlo con una fotonovela muy complaciente. Pero se refieren a la vida global y no precisamente al gol excepcional conseguido con una genialidad maradoniana ilegal. Se volvió a recordar, como en tantas otras ocasiones, que Maradona nunca le hizo daño a los demás; se lo hizo sólo a sí mismo. Es otra manera de ver la sorprendente jugada
No me extraña, a la vista de los dos goles titulados La mano de dios y el Mejor gol de la historia del fútbol, los dos conseguidos ante Inglaterra y en el mismo partido, que un periodista deportivo italiano declarase delante del director de la película antes citada: Es cierto, ha sido el más grande futbolista de todos los tiempos: respetémoslo, admirémoslo.
Y todos respondieron con un aplauso final porque, en esto, hubo absoluta unanimidad
MAROGAR
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